>Terrorismo en ESPAÑA.- POLICIA VASCA del PNV: Socia de ETA.

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Seguidamente reproduzco un interesantisimo documento publicado por Tellagorri en su blog amigo:



Desde ETA y su trama civil, el que unos nacionalistas (policia vasca del PNV) se de­diquen a perseguir a otros, aunque estos últimos asesinen, coloquen coches-bomba y amenacen a miles de ciudadanos, es inadmisible.

Así lo expresa el parlamentario batasuno Karmelo Landa el de noviembre de 1995 en el Parlamento de Gasteiz:

Usted (Atutxa) es el responsable de esa sórdida línea de actuación de la policía vasca, el que lleva a la Ertzaintza por ese camino. Usted la ha puesto a las órdenes de la poli­cía española y de la Guardia Civil y el que ha hecho que adopte los métodos y comportamiento de aquéllas.
¿Acaso se alegra de la detención de unos patriotas? ¿Acaso se alegra usted de la muerte de unos gudaris? ¿Cuántos poli­cías, guardias civiles y militares españoles hay dentro de la Ertzaintza, señor Atutxa? ¿Por qué no pone el PNV remedio a la cosa? Tras completar el despliegue de la Ertzaintza, la ha convertido en subordinada de la Guardia Civil, de la policía, del Cesid, en subordinada del Estado español. Usted la ha convertido en un grupo agresor. Bajo su mando, la Ertzaintza ha herido, detenido y agredido a parlamentarios y hombres y mujeres de este pueblo. Espero que no sea usted consejero por mucho tiempo
“.

La amenaza no era un farol. Ajeno o no a la estrategia de ETA, durante los últimos años la banda terrorista había intentado ase­sinar en siete ocasiones al consejero de Interior Juan María Atut­xa, la última vez en la boda de su hijo, y sólo el azar le había sal­vado la vida.

Fueron los años gloriosos de la Ertzaintza (Policia vasca del Pnv). El asesinato de Mi­guel Angel Blanco y la firma del Pacto de Lizarra entre PNV y ETA acabaría convirtiendo a la policía autónoma en un instrumento más de la construcción nacional y de la independencia.

Con su habitual verborrea, Xabier Arzalluz lo dijo alto y claro en un mitin de su partido: “El PNV no va a permitir que se coloquen palos en las ruedas del carro de la paz”, para neutralizar las vigilan­cias que la Ertzaintza venía realizando sobre un comando de ETA.

Al día siguiente, Mikel Uribe, jefe de la comisaría de Hernani (Guipúzcoa), la más conflictiva del País Vasco, reunió a todos los mandos y les ordenó paralizar cualquier actuación contra la banda terrorista mientras se mantuviera el alto el fuego.

La misma consigna se imparte en el resto de los centros de la policía autónoma, donde se recomienda, además, tratar con guante de seda a los miembros y simpatizantes de HB, sin pre­tender identificarlos ni detenerlos en sus manifestaciones y actos públicos y negociar con los alcaldes y concejales radicales las medidas de seguridad a tomar en las fiestas patronales.

Así, de la noche a la mañana, sin que se hubiese producido ningún acto de arrepentimiento ni pedido públicamente excusas, muchos dirigentes de HB, LAB y de Jarrai, que se han dedicado a apalear ertzainas, a quemarlos vivos, a dinamitar e incendiar sus coches, a perseguir y a insultar a sus familias, a impedir que sus hijos vayan a las mismas ikastolas, asistan a las mismas escuelas o participen en los campeonatos de pelota vasca, pasan a ser personas honorables.

Los resultados son inmediatos. Mientras los terroristas y sus cómplices campan por sus respetos, profieren gritos a favor de ETA, queman banderas de España, agreden a concejales del PSOE y PP, queman sus casas y transgreden todos los días los lí­mites del Código Penal, la Ertzaintza permanece de brazos cruzados, como si la “guerra” de la banda terrorista con los partidos constitucionalistas no los afectara.

Según el servicio de estadísticas de la Guardia Civil, entre 1987 y 1999 se produjeron en el País Vasco 6249 actos de violencia callejera atribuidos a jóvenes radicales. Los años de más violencia fueron 1996 y 1997, con 1135 y 971 sabotajes, respec­tivamente.
La intervención de la Ertzaintza, responsable del or­den público, es más que deficitaria. Así, en 1999, en plena tregua, los detenidos se reducen sólo a siete personas. En todo el período analizado, más de la mitad de las detenciones se produ­cen en Navarra, donde no interviene la Ertzaintza.

Euskadi es, de esta manera, probablemente el único lugar del mundo donde subirse a un autobús es más peligroso que que­marlo, donde al sacar dinero de un cajero automático por la no­che en determinadas zonas se corre más riesgo que incendiándo­lo y donde llevar un lazo azul en la solapa es más arriesgado que gritar “Gora ETA” o “ETA, mátalos”.

Con todo, no es lo más grave. Según denunció el PSOE en el Parlamento vasco, los jefes de la Ertzaintza ocultan expedientes de hijos de dirigentes del PNV implicados en la kale borroka y el propio Javier Balza, el consejero de Interior, esconde en persona treinta atestados de personas implicadas en sabotajes callejeros, aunque el máximo responsable de la Ertzaintza asegura que lo hizo por un bien mayor, para capturar al comando “Vizcaya”.

Con los grupos operativos antiterroristas desmantelados si­guiendo instrucciones del partido PNV, los mandos de la Ertzaintza, llevados por su política de colaboración con ETA y su trama ci­vil, se dedican además a interceptar las comunicaciones de la Policía Nacional y la Guardia Civil, a cuyos actos públicos tienen prohibido asistir para no “contaminarse”, y boicotear sistemáti­camente las operaciones terroristas en marcha.

Ocurre así con un intento de captura de fñigo Guridi, veinti­trés años, autor del asesinato del periodista José Luis López de la Calle, quien con otros cuatro terroristas más acababa de dinami­tar el 22 de febrero de 2001 un centro de rehabilitación de meno­res construido por la Consejería de Justicia en la localidad de Zu­márraga, tras sorprender y maniatar a los tres vigilantes jurados.

La Ertzaintza, que está al corriente de que la Policía Nacional dispone de un topo infiltrado en la estructura del comando “Do­nosti”, cuyo nombre y datos personales serían publicados poste­riormente por la revista Ardi Beltza (batasuna, de Pepe Rei), y de que va a ini­ciar la “caza y captura” de los responsables, se adelanta, organiza una serie de detenciones arbitrarias y pone en fuga a los verdade­ros responsables del comando.

No era la primera vez que la policía autónoma entorpecía las actividades de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Durante el secuestro de Julio Iglesias Zamora la Guardia Civil instaló controles en los accesos al monte Andoain al sospe­char que estaba oculto allí. Los jefes de la Ertzaintza ordenaron instalar a su vez controles más abajo, pero no con el fin de captu­rar a los etarras. Se situaron para advertir a la gente de que la G;uardia Civil esperaba más arriba.

“Sospechamos que llegamos tarde a los pisos de ETA porque alguien de dentro se ocupa de que así sea; hemos visto cómo ETA mataba al empresario Isidro Usabiaga que denunció las ex­torsiones porque apareció en un vídeo presentado por Atutxa, y cómo asesinó a otro ciudadano [probablemente, Eugenio Olaci­regui] que nos alertaba de la presencia de un etarra”, añaden los responsables de la Guardia Civil.

El “colaboracionismo” entre los terroristas y quienes desde las instituciones vascas tienen la obligación de perseguirlos se pro­duce, una vez más, el 7 de diciembre de 1999, fecha en que las policías fran­cesa y española, en una operación conjunta, detienen en Francia a la dirigente de ETA Belén González Peñalba. Al día siguiente, el consejero de Interior, Javier Balza Aguilera, en lugar de alegrar­se porque se haya retirado de la circulación a una de las asesinas más contumaces de ETA, pone el grito en el cielo y pronuncia una frase que, fuera de contexto, pudiera parecer obra de un de­mente: “La detención es un grave error y, de alguna manera, hay que compensar a ETA por estas detenciones.”

Convertidos en socios y defensores de los pistoleros de ETA, con los que han firmado un pacto secreto para no participar en las instituciones españolas y expulsar del País Vasco a los repre­sentantes del PSOE y PP, el consejero de Interior vasco, Javier Balza, tenía toda la razón del mundo en indignarse. Y Xabier Ar­zalluz lo mismo, al calificar de “machada” el robo por ETA de 12 000 kilos de Titadyn en un polvorín de Pelvin (Francia) sema­nas antes de la ruptura de la tregua.

Si el comportamiento habitual entre bomberos es no pisarse la manguera y nacionalistas peneuveros y terroristas comparten en el año 2000 el mismo proyecto de la construcción nacional, lo lógico es que ningún terrorista vaya a colocar el explosivo en los bajos del Sabin Etxea, la sede central del PNV, situada frente a los jardines de Albia de Bilbao, y los peneuveros, en contrapartida, no critiquen a ETA.

El 25 de marzo de 2000, Jarrai convoca una borroka eguna (jornada de lucha) contra las empresas de trabajo temporal y las entidades bancarias. Tras numerosos disturbios y algaradas, incendian tres bancos en San Sebastián, uno de ellos el BCH, jun­to a la herriko taberna de HB del barrio de Gross.

Varios testigos han seguido a los manifestantes, los ven entrar en la sede social de HB y avisan a la Ertzaintza. Forzada por las denuncias, la policía autónoma registra la sede social de HB y se incauta guantes de látex, carcasas pirotécnicas, caretas y lanzade­ras similares a las utilizadas por los cachorros de ETA.

El 5 de mayo, la parlamentaria Jone Goiricelaya interpela en la Cámara de Vitoria al consejero de Interior, Balza.: “Los hechos para nosotros son muy graves. La policía autónoma vasca, la Ert­zaintza, dejó de lado los compromisos que tenía con el proceso político [Pacto de Lizarra] y actuó en contra de lo que era uno de esos principios:. lograr un clima de distensión social del que tan reiteradamente se ha hablado tanto desde su consejería como des­de el propio Gobierno vasco. [La Ertzaintza] volvió a recetas del pasado y volvió a actuaciones del pasado”, protesta.

Los diputados de la oposición intentan tomarse a broma la intervención de la diputada de HB: (“Aquella noche, en la sede de HB se iba a cenar bacalao al pil-pil. Los guantes eran para mover la cazuela y no quemarse, las carcasas pirotécnicas para dar po­tencia a la cazuela y que ligara bien la salsa, y la capucha para pre­servar al cocinero de los humos y malos olores”, dice Carlos Uquijo, del PP.

Y es que el PNV y HB ni siquiera de puertas afueras guardan las formas, no ocultan sus acuerdos. Con la sociedad vasca divi­dida en dos grupos, los nacionalistas, dispuestos a dinamitar las instituciones, que pueden pasearse tranquilamente por las calles si n escolta, y los defensores del Estatuto y de la Constitución, to­dos ellos amenazados y obligados a vivir en un estado de sitio permanente, rodeados de guardaespaldas, la Ertzaintza prefiere no molestar a los terroristas que proteger a las víctima de los mismos.

Tellagorri

http://tellagorri.blogspot.com

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