Entrevista a Mario Conde.

Han pasado casi veinte años pero Mario Conde conserva la misma estampa que cuando estaba montado en la cresta de la ola, esa misma que se convirtió en «tsunami» y le desalojó por la vía rápida de la presidencia de Banesto allá por el año 1993. Traje impecable, cabello engominado y esa mirada penetrante que hizo de Conde uno de los personajes más mediáticos del país. Hoy sigue al pie del cañón desde las redes sociales, especialmente en Twitter, donde hay que madrugar para leer de primera mano sus opiniones. ¿Y qué piensa de todo lo que está pasando en el país? En una entrevista con Finanzas.com, Conde asegura que la situación está bastante mal pero la imagen de España aún no está perdida. Hace falta un plan creíble. Considera también que los ajustes aprobados ayer por Rajoy son «un error». Y de Rodrigo Rato y todo lo que está viviendo tras la intervención de Bankia afirma que «le da pena» porque sabe lo que es eso.
-¿Está tan mal la economía española como dice la prima de riesgo o ya nos están acosando por sistema?
-La economía se divide en tres grupos. El sector público, el financiero y la economía real. El público está mal porque tiene un endeudamiento excesivo y un gasto absolutamente desastroso. La prima de riesgo mide el precio al cual se le presta al estado y eso repercute sobre los bancos. Y el indicativo de la prima de riesgo no es ninguna conspiración. Sencillamente, los inversores creen que la situación del estado español es muy complicada. Y la economía de los bancos, para qué le voy a contar. Se nos ha dicho que teníamos los mejores bancos del mundo debido al Banco de España y al final ha sido desautorizado tajantemente, no se creen sus dictámenes y hay que contratar auditorias externas. Y los bancos, quitando los tres grandes, están en una situación que ni siquiera sabemos cuál es porque las cifras cambian todos los días. La economía real está cayendo a marchas forzadas porque el empresario tiene problemas de competitividad y carencia de crédito bancario absolutamente demoledora. Por tanto, el país está bastante, bastante mal.
-Es evidente que gastamos más que ingresamos, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades ¿Cree que la imagen de España en el extranjero está muy devaluada?
-Bueno, yo me he encontrado con opiniones muy distintas. En Italia, el otro día, con un grupo de empresarios amigos, no me ponían tan mal a España. Sin embargo, en otra reunión distinta con alemanes me ponían a España absolutamente fatal. Tenemos una imagen mala. Creo que durante la etapa de Zapatero la imagen sufrió mucho como consecuencia de estupideces que se dijeron por parte de un presidente del Gobierno que no venían a cuento. Y aparte se hicieron estupideces. Ahora no ha mejorado mucho porque hay que reconocer que el Gobierno español ha lanzado mensajes muy contradictorios. De hecho, no lo digo yo. Incluso el presidente el BCE ha dicho que peor no se podía haber hecho el tema de Bankia, que es fundamental. ¿Pero afecta esa imagen a la prima de riesgo? Yo creo que poco. Creo que si fuéramos capaces de ofrecer un plan real de país verdaderamente estructurado y serio a cinco o diez años, la imagen se recuperaría enseguida.
-¿Le parece que el Gobierno está poniendo paños calientes a la realidad de la situación para evitar que nos pongan un estigma fuera?
-Si, pero el Gobierno no lo está haciendo para evitar que nos pongan un estigma. Fueran saben cómo estamos, no tenga ninguna duda. Lo hace porque no ha parado de lanzar mensajes contradictorios. Suben los impuestos directos para evitar que tener subir el IVA… y acaban de subir ayer el IVA. Nunca jamás pediremos el rescate de la banca porque no se necesita…piden el rescate. Es decir, lo que tienen es una percepción de que todos sus mensajes se están viendo negados por la realidad y no saben cómo manejarlo. Y el pueblo español está dispuesto a sufrir pero con tres condiciones. Que le digan la verdad, que exista un plan creíble y que haya confianza en que la gente que dirige el país sepa lo que tiene entre las manos. Y yo creo que en estos momentos hay un sentir bastante extendido -justo o injusto, no entro ahí- en que la situación se le ha escapado al Gobierno de las manos y no saben cómo meterle mano.
-La deuda se vería muy aliviada si Alemania facilitara la compra de bonos por parte del BCE. Pero no parece que ese sea el camino ¿Entiende su postura?
-Si, por una razón. El problema es que la UE son muchas y no tenemos un único estado sino muchas naciones viejas, cada uno con sus problemas económicos. Lo que es bueno para Alemania no es necesariamente bueno para España. Y Alemania se encuentra con un problema. Por un lado lo suyo, pero por otro su papel decisivo en la UE. Y con eso juega. En un momento cede un poquito a favor de los necesitados. Pero entonces viene la presión desde dentro de Alemania y también desde fuera. El gran problema es que la UE ni es una economía ni tiene una política única. Con todo eso, el arreglo es muy complicado.
-Entonces, ¿la unión bancaria es una quimera?
Eso es lo menos importante. ¿Qué significa unión bancaria? ¿Qué haya un supervisor único? Pero lo importante es quién tiene la soberanía en la UE para emitir moneda. Ni siquiera el BCE, que por el artículo 133 del Tratado no puede actuar como prestamista de última instancia, que si lo puede hacer la Reserva Federal. Nos hemos metido en el lío de unificar sin tener los instrumentos necesarios para poderlo hacer.
El Gobierno aprobó ayer una importante batería de medidas para reducir el déficit. Supresión de una paga extra de los funcionarios, subida del IVA, recorte del subsidio de paro ¿Qué le parecen estos ajustes?
Yo creo que son un error. Desde luego, hay una superestructura de gasto que tenemos que arreglar, no hay ninguna duda. Pero en la vida hay que saber medir dos cosas. El tiempo en el que estamos y el tiempo en el que pueden arreglar los destrozos causados por una política expansionista de hace muchos años. No ha sido únicamente en la época de Zapatero, viene de más atrás. Pretender abordar en un año toda una situación demoledora es algo inconcebible. Estos recortes van a provocar, en primer lugar, irritación social inmediata porque a la gente no le gusta. Y luego reducción del consumo.
Derivado de esto, va a haber un problema para las empresas porque si no hay consumo no venden y no pueden pagar sus nóminas. Y la sociedad se pregunta ¿Por qué me restringen a mí cuando hay 400.000 políticos en España? Tenemos el verdadero problema que son las comunidades autónomas. ¿Qué sentido tiene recortar a los funcionarios públicos cuando hay miles y miles de contratados que no son funcionarios y están prestando una serie de servicios? Lo que pasa es que a veces estas personas están contratadas por razones políticas. El gran eje de lo que está proponiendo aparentemente el señor Rajoy es recortar a la sociedad y a los políticos no. Y eso tiene muy mala lectura. Y si no es así, que lo explique. Que diga por qué a las comunidades ni se les toca. Por qué tenemos que soportar recortes en sanidad cuando hay todavía miles de coches oficiales de personas que trabajan en las comunidades y que no tienen ningún sentido.
-El economista estadounidense Arthur Laffer decía que llegado un cierto momento, las subidas de impuestos pueden bajar la recaudación ¿Cree que estamos en el caso?
-Yo creo que sí puede ser. El déficit va mal y dicen que hay un problema de coyuntura. Pero al final, los impuestos nacen de los beneficios de las empresas. Y si no ganan dinero, no se pueden cobrar impuestos porque no se pueden pagar las nóminas. Y no se compra nada. Y tampoco se paga el IVA. La clave es que funcionen las empresas. Estas medidas perjudican al mundo empresarial.
-¿Echa usted de menos que en este debate no se hable un poquito de crecimiento?
-No es que lo eche de menos. Es que lo he venido reclamando. Cuando alguien se obsesiona con las macromagnitudes se pierden de vista otros factores. Hay que preguntar a los empresarios. ¿Usted cuánto vende? ¿Lo cobra? ¿Tiene abierto el circuito de crédito? ¿Puede usted pagar las nóminas? Los políticos no saben de eso porque nunca han pagado una nómina. De hecho, un señor que lleva toda la vida instalado en la política nunca ha tenido las dos preocupaciones que la inmensa mayoría de los españoles. Cómo pagar la nómina o si cobrará a final de mes.
-La semana que viene se cumple un año desde que Bankia salió a bolsa. ¿Cree que se debería haber frenado esta operación?
-Visto a toro pasado, Bankia declaró en el momento de salir a bolsa unos 300 millones de beneficio. El ajuste es de unos 5.000 millones de pérdidas. En este periodo de tiempo se pone de manifiesto que se necesitan 20.000 millones. Es muy difícil creer que los balances que se presentaron eran correctos. Es bastante razonable pensar que había algún problema. ¿De tanta envergadura? Hombre, mire, los balances de una sociedad financiera tienen que ser aprobados por el consejo y la junta de accionistas, además de por la CNMV, el Banco de España y los auditores de la sociedad. El problema es que había tanto interés político que da la sensación de que el interés de los minoritarios que compraban era lo último que se contempló. Y ahora sale a la luz. Es un asunto muy complicado.
Tampoco es que vayamos a inventar nuevas unidades monetarias pero una «Bankia» son más o menos como diez «Banestos». ¿Hay algún punto de comparación posible?
-Económicamente no, porque Banesto tenía según las cifras oficiales un desfase de 500.000 millones de pesetas y aquí estamos hablando de diez veces más. Además, Banesto era un banco privado con accionistas privados y aquí habían sido nominados personajes por su pertenencia a partidos políticos. En tercer lugar, Banesto tenía en su capital al primer banco del mundo, JP Morgan, y aquí ni siquiera se ha asomado un solo banco. Y en cuarto lugar, Banesto fue intervenido de la noche a la mañana sorpresivamente y aquí se lleva hablando del desastre de Bankia durante mucho tiempo. Lo que parece claro es que en el caso de Banesto había una situación complicada pero perfectamente superable y que no se quiso superar por razones políticas. Y en Bankia hay una situación financiera extremadamente complicada generada por políticos y defendida por ellos mismos.
-A Rodrigo Rato se le acumulan las querellas. Ahora mismo parece como si todo el mundo le señalara con el dedo ¿Siente usted algún punto de empatía?
-Yo creo que es inevitable. Estas cosas pasan en la vida. Yo creo que hubo mucha gente dentro y fuera de España que no entendió por qué dejaba el FMI a mitad de mandato para venirse a presidir Caja Madrid. Todo eso va acumulando y en este país lo que más gusta es cortar cabezas. Y en este momento, el señor Rodrigo Rato, le guste o no, desgraciadamente, es el centro del ataque. A mí me da pena porque se lo que es eso, pero también se puede resistir y la vida te somete a pruebas de esta envergadura. Unos la resisten, como es mi caso, y otros mueren, como es el caso del presidente de Enron, por ejemplo. Yo confío en que Rato tenga la entereza para que los años que vienen, que van a ser muy duros, pueda aguantar. Pero es imposible que el señor Rato sea el único culpable de lo de Bankia.
-¿Entonces le parece bien que el PP haya pedido la comparecencia en el Congreso de hasta 23 personas entre cargos políticos o empresarios?
-Bueno, aquí hay una cosa que es curiosa. Si es verdad que van a hacer esta comisión, vamos a tener dos vicepresidentes del Gobierno; Narcís Serra, que ha arruinado Caixa Cataluña, y el señor Rato en relación con Bankia. Vamos a tener al ministro del interior Acebes, al ministro Solbes y a la ministra Salgado. ¿Usted se cree de verdad que se van a someter el señor Serra a que le pregunten desde el PP cómo quebró a la Caixa de Cataluña o a Rato que cómo quebró a Bankia?
-¿Me está sugiriendo que podría haber una especie de «paripé»?
-Es más complicado que eso. Qué pasa si la comisión dice, pues nada, hay problemas pero hemos llegado a la conclusión de que la crisis es debido a las hipotecas americanas, la intransigencia de Merkel o la situación de las materias primas, por ejemplo. Y llegan a la conclusión de que en realidad no ha habido ninguna clase de dolo o negligencia grave.
-¿Y no debería estar Miguel Blesa?
-Yo creo que es inevitable porque el señor Rodrigo Rato llevaba muy poco tiempo y es imposible que todos los créditos hayan surgido así. Muchos de los créditos malos de hoy no fueron concedidos por el señor Rato. Pues entonces habrá que pedir a los que lo hicieron responsabilidades.
-¿Y el pequeño ahorrador con todo lo que ha caído encima en los últimos años? Los bonos de Lehman, los de Islandia, los fondos inmobiliarios, ahora las preferentes. Parece que le van metiendo de charco en charco. ¿No cree que la gente ya está al límite?
-Si. Yo creo que en estos momentos hay tres colectivos de personas que han entrado en lo que podríamos llamar la conciencia del pueblo. Los políticos, los banqueros y los jueces. El otro día asistí a una representación teatral donde se les ponía caldo. Hay que tener mucho cuidado porque la gente está muy cansada. Y claro, si le venden preferentes a una persona diciendo que es un producto perpetuo y lo sellan con la mano a cambio de decirle que tiene un tipo de interés elevado, la gente lo mínimo que pude hacer es enfadarse.
-A finales de los ochenta le preguntaron en televisión española por un consejo para darle a los jóvenes que ese año iban a terminar la Selectividad. Y usted dijo que procurasen leer mucho, lo máximo posible ¿Sigue teniendo la misma fe en el conocimiento?
-Es muy importante leer, pero he llegado a la conclusión de que todavía lo es más examinar las cosas, mirar y nunca abandonar una pregunta. Porque cuando te dan una explicación desde los planos oficiales tienes que ponerla en tela de juicio y pregúntate por qué. La pregunta del por qué es la clave de todo. Es fundamental para seguir avanzando.

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