¿Para dónde va la Unión Europea? Una visión optimista muy positiva.

 

Seguidamente reproduzco una interesante entrevista al doctor. en filosofía Francis Cheneval que a pesar de que su cuna es la neutral Suiza, se declara un amante del euro, eurófilo total, aunque tal vez es demasiado optimista, tanto que.hasta le da risa que siquiera se mencione una extinción de la moneda común europea a causa de la crisis dado que, hasta ahora,ninguno de esos escenarios de catástrofe de los ‘europesimistas’ se ha realizado.

F.J.
El Dr.  Cheneval  jefe de filosofía política de la Universidad de Zurich -campus que ha ‘parido’ a una docena de Premios Nóbel- y autor de al menos siete libros. el más reciente ‘El gobierno de las gentes’, trata uno de los temas que más lo apasionan: los movimientos sociales.
En una breve visita vacacional a Colombia, habló con EL TIEMPO sobre lo que, para él, es el mayor peligro de todos: el descontento social.
Cuando empezó la crisis europea, los indignados tenían mucha fuerza en España, ¿siente que se han desinflado?
Creo que hay un desencanto social que sigue vigente. Mucha gente en Europa dice que el sistema de justicia social se desequilibró debido a una crisis bancaria causada por unos imbéciles ‘bancsters’. Aún hay mucho resentimiento por ese tipo de capitalismo de casino.
El peligro más grande que enfrenta Europa es el desencanto social y el segundo peligro es la crisis de la democracia. Cada vez que se toma una decisión de Bruselas, los jefes de Estado salen a decir que no hay alternativas, que tienen que acatarla para evitar algo peor.
El ciudadano se siente completamente sin poder. Siente que la introducción del euro fue un momento constitucional tácito y ahora tenemos que decir sí a la unión política porque no tenemos opción. Y eso, democráticamente, es cuestionable.
El desencanto social y democrático son la verdadera crisis, porque la otra, la crisis del euro, se va a superar. Si uno logra que los pueblos europeos se apropien de su situación y de su sistema (que sea de ellos y no de los mercados) eso va a significar la verdadera superación de la crisis.
Los movimientos de indignados y ‘Occupy’ ya cumplieron un año, ¿tienen algún futuro?
Todo movimiento que no propone una solución concreta y realizable pierde rápidamente su dinamismo. El sentimiento del ser indignado sigue siendo subcutáneo, así no se vea en grandes movilizaciones. Pero declararse indignado no es suficiente. Creo que hay que buscar la solución en partidos políticos que tengan una clara visión europea institucional.
Esa crisis democrática de la que habla ¿cómo implica el resurgimiento de la extrema derecha o de grupos xenófobos?
También lo veo como el otro gran peligro. Eso es un poco la historia europea que se podría repetir, porque en los años veinte llegaron al poder esos grupos en Alemania e Italia con la base de una crisis social. Pero la experiencia europea con el fascismo es tan negativa y tan cruel que todavía hay mucha conciencia.
Eso me hace pensar que los líderes europeos no van a permitir que la crisis se agrave a tal punto que estos movimientos se hagan con una parte importante del poder político.
¿Qué hubiera evitado esta extensa crisis del euro?
Muchos dicen que si el euro no se hubiera creado, no tendríamos esta terrible noticia, eso es un sentido equivocado. Europa tendría tal vez un problema más grave. Además, pienso que la crisis, de alguna manera, fue prevista por los constructores del euro.
¿Prevista cómo?
Europa tiene una meta de integración política, algo que va en contra de muchas fuerzas de identidad locales y nacionalistas. Para resolverlo, los constructores de Europa escogieron la política de la integración económica por pequeños pasos y en una ‘lógica del engranaje’.
Los que crearon el euro sabían que eso iba a llevar a un desequilibrio entre países como Alemania y los países del sur y que la única manera de salir de este desequilibrio es una integración política más fuerte… y eso es lo que hoy están pidiendo los mercados.
En una crisis, como última medida, se avanza. Para salir de ella se toman algunas medidas de urgencia; la Unión Europea se ha construido así. Yo no veo la crisis de una manera muy negativa. Europa va a salir más unida, más fuerte.
¿Y Europa está preparada para más integración política?
Hay personalismo y hay nacionalismo, pero si la cosa llega a un punto tan grave que Bruselas diga que la única alternativa es integrarse más o descomponerse en un escenario de caos total, creo que los políticos que hoy mandan, sobretodo Ángela Merkel, se inclinarán por la primera opción. Crisis no quiere decir otra cosa que momento de decisión.
¿Entonces Alemania va a seguir salvándoles el pellejo a los demás países?
Creo que sí. La descomposición del sistema no está dentro del interés de Alemania. La estrategia de Merkel es muy razonable. Ella no escribe cheques en blanco a los países del sur de Europa.
Ella siempre exige lo máximo antes de dar un paso hacia más integración, impone una fuerte condicionalidad. Esa condicionalidad ha dado la sensación de que Alemania sea vista como la líder de la Unión, lo que ha despertado reservas del dominio alemán sobre el resto del continente. Eso es totalmente equivocado. Y tampoco es junto con los alemanes.
La Alemania moderna es democrática y está profundamente comprometida con el multilateralismo de la construcción del bloque. Europa tiene un problema de coordinación y es bueno que haya un líder, que es indudablemente Alemania. Pero esa no es la Alemania del Tercer Reich, es la que quiere salvar al sistema europeo en su espíritu federalista.
Es peligroso que todos esos monstruos del pasado se despierten, y eso lo hacen algunos tabloides sensacionalistas. Pero no creo que el ciudadano europeo común y corriente perciba a Alemania como una amenaza imperialista.
¿Hay posibilidades de que la crisis siga ‘contagiando’ a otros países como Francia?
En su campaña, el presidente François Hollande prometió cosas que no puede cumplir. Pero él es un hombre muy racional como para tomar medidas irresponsables. Creo que esta crisis se va a resolver por alguna unión de transferencia de la deuda. Si las tasas de interés para Francia suben demasiado, puede entrar en una crisis.
La única manera para que eso no ocurra es que los mercados sepan que el techo europeo se construye como un ente que responde.
¿Para dónde va la Unión Europea?
Va hacia una unión política más fuerte. Hoy los periódicos europeos tienen siempre el tema de la crisis en la primera página y somos testigos de la europeización del espacio público. Esa es una percepción demasiado optimista, pero creo que esta crisis, paradójicamente, a largo plazo va a fortalecer la Unión Europea institucionalmente.
Hoy la Unión son las deudas unidas de Europa, y de eso, vamos a llegar a los Estados Unidos de Europa, porque las ‘deudas unidas’ no se pueden ya resolver por medio de una metodología nacionalista.
El euro va a lograr lo que no logró ningún general o ejército: la unificación de Europa. El euro va a ser el general más exitoso… Aunque tal vez soy demasiado optimista. Bastante optimista. Apenas Grecia entró en crisis todos comenzaron a pensar que el país podría volver al dracma.
Soy un eurófilo en ese sentido. Ninguno de esos escenarios de catástrofe de los ‘europesimistas’ se ha realizado, porque cada vez más se toman las medidas necesarias para evitarlo. Nadie quiere ni está interesado en que esto se derrumbe.

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