Gibraltar y la racionalidad.

Los que ya tenemos unos años y por tanto hemos sido educados durante la “oprobiosa” hemos recibido con respecto a Gibraltar unas ideas muy claras; Gibraltar le duele a España. Un pedazo de suelo patrio que perdimos y todavía no hemos sido capaces de recuperar como  se reflejaba en ese himno del entonces llamado “Frente de Juventudes”, que decía, entre otras cosas:

¡Gibraltar!, ¡Gibraltar!,
avanzada de nuestra nación.
¡Gibraltar!, ¡Gibraltar!,
punta amada de todo español.
A mi Patria le robaron,
tierra hispana del Peñón,
y sus rocas hoy hollaron
con el asta de un extraño pabellón

Pero suenan los clarines
y se escucha ya el redoble del tambor,
y por todos los confines
se oye el grito de que seas español…..

Últimamente la opinión pública española ha cambiado mucho en cuanto no solo a nacionalismo español sino incluso en patriotismo. Probablemente ello es un síntoma de la debilidad de España como Estado. La reivindicación de «Gribraltar español» empezó a considerarse una cosa franquista, cuando la primera vez que se establece un regimiento en el Campo de Gibraltar y se hacen maniobras en el istmo es con Manuel Azaña como ministro de Defensa en la II República.

El problema del contencioso gibraltareño es que no solo se ha desistido en el ámbito político, también se ha desarrollado una cierta indiferencia social.

La resolución del problema por la vía militar, hoy totalmente descartada por razones obvias, debería dejar paso a la utilización inteligente y al propio tiempo firme e implacable de los múltiples recursos diplomáticos y económicos de los que dispone el Estado.

A día de hoy, la legalidad internacional refrenda plenamente la reivindicación española de la soberanía de Gibraltar; la ONU no ha variado su doctrina sobre descolonización. El tema sigue abierto en el Comité de los Veinticuatro de la ONU, (el de descolonización) y cuando fue allí el pasado mes de junio el nuevo ministro principal y esgrimió los argumentos de siempre no logró cambiar un ápice las cosas, porque la Resolución de diciembre de 1967 que dice que Gibraltar ha de ser descolonizado en negociaciones entre el Reino Unido y España sigue vigente.

Sin embargo, cada ministro de Asuntos Exteriores de España, desde Fernando Castiella(*),  que fue el verdadero impulsor de una política de dureza con el cierre de la verja e intensa actuación en la ONU, ha dado un paso atrás.El primero, López Bravo,todavía con Franco todavía en el poder,  con aquello de «pensar juntos», y después Marcelino Oreja, ya en la “Transición”  en la Declaración de Lisboa…Luego, Fernando Morán, socialista,  da otro paso atrás con la Declaración de Bruselas; Abel Matutes ya en el primer gobierno Aznar, se equivocó al pretender arreglarlo al estilo de los hombres de negocios, y más adelante José Piqué, también de Aznar, les regala 75.000 líneas telefónicas (para una población de 27.000 habitantes) con las que están regulando todo el tráfico de las apuestas en Europa. Solo han sabido mantenerse en su sitio las dos ministras, Ana de Palacio (PP) y Trinidad Jiménez (PSOE)

Pero el peor de todos fue sin duda, Moratinos, en el gobierno Zapatero, quien dió  voz a Gibraltar y voto y derecho de veto a los gibraltareños; esto y no otra cosa es el significado del Comunicado Conjunto que firma en octubre de 2004 con su colega británico Jack Straw y que da origen al llamado Foro de Diálogo sobre Gibraltar. En dicho comunicado Moratinos –España– acepta que no negociará ningún tema relativo a la soberanía sobre Gibraltar sin el consentimiento de dichos “llanitos” (habitantes del peñón).

Menos mal que ahora el ministro García Margallo defiende volver a la política de dureza (“el recreo ha terminado”) que se ha de conversar en dos niveles, el España-Reino Unido de primera línea y el de los gibraltareños y las autoridades andaluzas para las cuestiones menudas. Aunque probablemente la mejor postura sería simplemente ajustarnos a la Resolución de Naciones Unidas citada.

A la vista de todo lo anteriormente expuesto cabe preguntarse, ¿qué opciones de futuro hay? dado que a estas alturas no parece viable cerrar la verja después del Tratado de Schengen, y nuestros compromisos con Bruselas.

Gibraltar tiene en contra la historia, la geografía, la economía e incluso su capacidad estratégica, ahí no se puede instalar una base antimisiles, por ejemplo y tiene a pocas millas la Base aeronaval de Rota.

Económicamente vamos a la globalización y los paraísos fiscales, el Peñón vive de ello en gran parte,  van a ser erradicados. Además, España es un Estado soberano que puede decir «tengan ustedes su Peñón, pero ni doble residencia ni nada»; aplicar estrictas revisiones aduaneras que en la práctica serían como una verja. También se puede establecer que cualquier barco que toque Gibraltar no pueda hacerlo después en ningún puerto español. Los cruceros se acabarían. ¡Y, por supuesto, no puede ser que todas las empresas españolas tengan abiertas allí sucursales!

Finalmente, Gibraltar necesita un vínculo con Europa, para seguir con sus ventajas de todo tipo y  para poder entrar y salir en suelo europeo. Hasta ahora ese eslabón es Gran Bretaña pero lo podría perder porque G.B. cada vez está más incómoda en Europa a la vista del referéndum del que está hablando Cameron para votar su continuidad o no en la Unión Europea.

Lo que está claro es que los ingleses, de siempre, son muy pragmáticos y si algún día mantener Gibraltar les genera más gastos que ingresos acabarán abandonándolo, mientras la suerte de los “llanitos” está resuelta de antemano; podrán seguir siendo ingleses o hacerse españoles, si quieren. Pero no podrán seguir explotando, por no decir pirateando, como hasta ahora el entorno de la zona, pues España en el estricto cumplimiento de lo acordado en Utrecht, puede y debe dificultar el negocio del contrabando y anular una sede fiscal indeseable. Solo desde una posición de firmeza será posible un diálogo civilizado e igualitario entre las dos únicas partes del problema, España y el Reino Unido.

F.J.de C.

Notas: (*) Fernando María Castiella, Bilbao 1.907, Madrid 1.976. Ministro de Asuntos Exteriores de Franco entre   1957 / 1969.

Información tomada del libro de José María Carrascal «La batalla de Gibraltar», editado por Actas.

 

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