¿Que puede pasar con nuestras pensiones?

La pregunta con la que se titula este artículo refleja la que debe ser la máxima preocupación de millones de españoles, que por su edad y situación actual dependen de las mismas para subsistir y también de los que en un futuro mas o menos próximo, los hijos y nietos de los actuales pensionistas, pasarán a engrosar ese colectivo.

La ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, ha comparecido estos días ante la Comisión de Seguimiento del Pacto de Toledo del Congreso, al tiempo que comienza el estudio de la Ley de Presupuestos Generales del Estado (LPGE) para 2.014 por lo que es momento apropiado para estas consideraciones.

  • Breve historia.

En 1938, en plena guerra civil, el Generalísimo Franco promulga el Fuero del Trabajo, que puede considerarse el cimiento sobre el que se construyó la seguridad Social. Años mas tarde, en el Fuero de los Españoles de 1945 se perfila ya un cuadro bastante completo de seguros sociales.

En 1963 aparece la Ley de Bases de la Seguridad Social cuyo objetivo principal era la implantación de un modelo unitario e integrado de protección social, con una base financiera de reparto, gestión pública y participación del Estado en la financiación.

En la década de los ochenta del siglo pasado se llevaron a cabo una serie de medidas encaminadas a mejorar y perfeccionar la acción protectora al extender las prestaciones de los colectivos no cubiertos y dar una mayor estabilidad económica al sistema de la Seguridad Social.

Finalmente, en 1997 el Gobierno de José María Aznar creó el Fondo de Reserva de la Seguridad Social que ahora está permitiendo compensar el déficit de las pensiones con la hucha ahorrada en los años de bonanza.

  • Sistema de reparto.

Como queda dicho, desde un principio se optó por un sistema de financiación llamado “de reparto” , consistente en un aporte obligatorio realizado por los trabajadores en activo, con el que se forma un fondo para atender las pensiones y jubilaciones de los trabajadores retirados; digamos que se trata de algo parecido a un modelo de “juego piramidal”, en el que mientras las aportaciones a la base de la pirámide sean copiosas existirán fondos a repartir  a la cúpula; por el contrario, cuando la base de la pirámide adelgaza o no crece, falla el sistema. Desde hace bastantes años, se han producido en ESPAÑA los siguientes fenómenos:

– Desaparición del “baby boom” de los años 40 y 50,

al 70 del pasado siglo.

– Reducción de la natalidad que está entre los índices mas bajos de Europa.

– Desaparición del pleno empleo, primero y aparición del paro en valores galopantes y proliferación de jubilaciones anticipadas.

– Alargamiento general de la esperanza de vida.

La conjunción de todas estas circunstancias contribuye a adelgazar la base de la pirámide con las posibles consecuencias imaginables.

Por cada 1,83 trabajador en activo hay un pensionista al que pagar. Si, además, se considera el número de parados, cada trabajador en activo –ratio de 1,17– prácticamente tiene que mantener a un pensionista y un desempleado. En los años 70 ese proporción era de cuatro trabajadores por cada pensionista. Al comienzo de la crisis en 2007 la ratio entre trabajador y pensionista era de 2,44 y para un futuro no muy lejano se espera un 1,5.

  • Sistema de capitalización.

En Chile, hace 30 años, cambiaron por completo el sistema de pensiones y comenzaron a utilizar un sistema de capitalización individual, administrado por entidades privadas, Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP); La ley fija una tasa del 10% del sueldo como aporte mensual a este fondo. Las empresas administradoras de los fondos invierten ese dinero, para obtener intereses. Aquí es donde surge una gran diferencia, con el modelo europeo de “Seguridad Social”, mientras en el caso europeo, los aportes de los trabajadores se destinan al pago inmediato de las pensiones actuales, en Chile, el dinero que se va aportando, se va invirtiendo, consiguiendo intereses anuales que se van incorporando a las aportaciones mensuales de cada trabajador.

Suecia es uno de los países que ha adoptado un sistema mixto de pensiones , con excelentes resultados. Sin ánimo de entrar en mayores detalles sobre este interesante tema, solamente añadir que la implantación de este modelo en España, sería complicada, si no imposible y los sindicatos y demás lobbies de presión pondrían todas las trabas que pudieran, aunque algunos especialistas opinan que, a pesar de las dificultades para su implantación en España, merecería la pena.En este enlace puede leerse un interesante comentario al respecto:

http://www.liberalismoespanol.es/articulos/pensiones-y-por-que-no-imitamos-a-suecia-o-chile/

  • La reforma aprobada por el Gobierno.

La ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez,  ha manifestado que los cambios introducidos en la regulación de las pensiones son imprescindibles para mantenerlo “ahora y en el futuro”, negando

que esta reforma tenga como objetivo privatizar el sistema  pretendiendo desmontar las grandes mentiras de la oposición que rechazaron en bloque la reforma aprobada por el Gobierno.

El gobierno introduce el Factor de Sostenibilidad a partir de 2019 y un nuevo índice de revalorización desde el próximo año que si bien excluye la congelación, descarta la revalorización automática por el IPC y establece valor mínimo del 0,25% de incremento anual .

Para la oposición los cálculos de Báñez son exagerados, pues, opinan que no es necesario tomar medidas a corto plazo. Que el sistema es sostenible así, lo cual es absurdo y demuestra el ínfimo nivel e insensatez de estos políticos.

En realidad, lo que ha ocurrido en los últimos años con la financiación del sistema es la mejor pista posible sobre lo que puede ocurrir a muy corto plazo de no adoptar medidas. Desde hace décadas, la tendencia no ha cambiado. Con las cuentas previstas para 2014 y las de años anteriores, es muy fácil hacerse una idea de las dificultades a las que se enfrentan quienes tratan de hacer sostenible el sistema.

Los recursos a día de hoy del Fondo de Reserva de la Seguridad Social (59.385 millones de euros) equivalen, aproximadamente, al 46% del Presupuesto anual del sistema. Es decir, solamente cubrirían unos seis meses de pensiones.

El problema es que lo que hasta hace poco era una hucha de ahorro (es decir, que recibía aportaciones cada año) se ha transformado en un cofre del que se va sacando el dinero necesario para mantener el sistema. Sólo entre 2012 y 2013 se han consumido 18.651 millones del Fondo de Reserva.

Y la cosa no se queda ahí. El Gobierno reconoce que el déficit acumulado para 2016 será de 36.500 millones más. En resumen, que si no se hace nada, de aquí a tres años a la famosa hucha de las pensiones le quedarán unos 17.000 millones de euros más lo que sea capaz de generar en este tiempo en concepto de rendimientos financieros e intereses generados (unos 2.400 millones previstos para 2014).

Báñez no ha ido más allá, pero no hace falta hacer unas cuentas demasiado complicadas para ver que, a ese ritmo, antes del fin de 2018, el cofre podría estar completamente vacío.

Para no entrar en una marea de cifras remito al lector a las expuestas en el ANEXO (*).

Con el panorama descrito, para el año que viene, los 102.839 millones se quedan cortos no sólo para pagar las prestaciones, sino también todas las pensiones, incluso quitando la parte no contributiva. Para solucionarlo, el año que viene el Gobierno realizará transferencias por valor de 13.000 millones y sacará del Fondo de Reserva otros 12.000 millones.

La idea final es que al final todo lo que no sean pensiones contributivas de jubilación se financie vía PGE, quitando viudedad, orfandad,… pues sólo las pensiones de jubilación contributivas estrictamente hablando ya superan el 75% de lo que se recauda en cotizaciones sociales.

Conclusiones finales.

Las pensiones siempre han sido una arma arrojadiza entre los partidos, porque saben que constituyen un voto cautivo y cada vez más, lo cual envenena todavía mas la adopción de medidas correctoras de mayor eficacia. La reforma, aunque tímida para algunos expertos, además de contemplar otros aspectos básicos, como ampliar la edad de jubilación, penalizar las jubilaciones anticipadas, desvincular su subida del IPC, debería incluir, en opinión de otros expertos, medidas como, por ejemplo, bajar la tasa de sustitución, que no es otra cosa que la proporción entre la pensión recibida y el salario a la jubilación y plantear en serio la introducción de un modelo complemetario de capitalización.

En resumen, es posible que con la nueva ley las pensiones queden garantizadas a futuro pero lo que resulta indudable es que su valor adquisitivo estará cada vez mas deteriorado aún si se mantiene una inflación tan reducida como la actual.

F.J.de C.

Madrid, 4 de octubre de 2.013

—————————————

* ANEXO que se cita:

– Pensiones: 114.268,7 millones

  • Jubilación: 79.032 millones (de los que 1.168 millones son para no contributivas)

  • Viudedad: 20.375 millones

  • Invalidez: 12.935 millones (de los que 998 millones son para no contributivas)

  • Orfandad y familiares: 1.927 millones

– Otras prestaciones y gastos de gestion: 10.550 millones (las principales debajo)

  • Incapacidad temporal: 4.878 millones

  • Prestaciones familiares: 1.683 millones

  • Maternidad y paternidad: 2.178 millones

– Otros gastos: 7.001 millones

  • Asistencia sanitaria 1.447 millones

  • Servicios sociales: 1.425 millones

  • Servicios funcionales (informática, tesorería,…): 1.745 millones

  • Operaciones financieras: 2.384 millones

 

 

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2 comentarios en “¿Que puede pasar con nuestras pensiones?

  1. Me parece una extraordinaria llamada de atención sobre un tema de extrema gravedad y cuyas posibilidades de rectificación son realmente escasas. Inmigración y economía sumergida son factores adicionales de desequilibrio.
    En todo caso, estamos ante una bomba de relojería, en una cuenta atrás a la que hay que poner término. ¿Desde cuándo todos estábamos de acuerdo que solo un sistema de capitalización podía ser sostenible? Simplemente, desde siempre. El propio sistema generado en la etapa franquista preveía la necesaria transformación paulatina del sistema de reparto que inicialmente se establecía.
    Es especialmente atractiva la solución chilena que usted apunta. Su aspecto más importante es que no deja en manos de lo público la gestión del ahorro individual, al mismo tiempo que no deja en la voluntad individual ahorrar o no ahorrar. Y no solamente la gestión, sino la disponibilidad. Obama no lo entendería.

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