Muere en Madrid el General Excmo. Señor Dº. Alfonso Armada y Comyn, condenado a 30 años por el 23F

El general de División Excmo. Señor Don Alfonso Armada y Comyn, (Madrid, 12 de febrero de 1920- Ibídem, 1 de diciembre de 2013) ha fallecido en Madrid a los 93 años de edad tras una larga convalecencia.Ostentó el título de IX marqués de Santa Cruz de Rivadulla, título instaurado por el rey Carlos II el 8 de marzo de 1683. Armada, alcanzó relevancia pública en 1981, cuando se le acusó de haber instigado el intento de golpe de Estado ocurrido el 23 de febrero de 1981, lo que le valió una condena a 30 años, de los cuales cumplió 10 años  de cárcel dado que fue indultado por Felipe González, y la pérdida de empleo en el Ejército junto a una veintena de militares y guardias civiles que habían sido juzgados. Armada fue acusado de rebelión en el juicio más relevante para España en los albores de su democracia, pero murió  sin haber revelado jamás la identidad del «elefante blanco» ni admitir si era él. De hecho, lo negó taxativamente en 2011, cuando se cumplían 30 años del intento de asonada militar.

Tras pasar su infancia en Madrid, Alfonso Armada se alistó a los 16 años en el Ejército. Durante la Guerra Civil combatió en Madrid, Andalucía, Guadalajara, Teruel y Valencia, y posteriormente perteneció a la División Azul, con la que sirvió en Leningrado. Tras la Segunda Guerra Mundial, en 1945 y con grado de comandante, empezó como instructor en varias escuelas militares. Llegó a impartir clases a Su Majestad el Rey durante su etapa de formación como militar. También llegó a ser miembro del Estado Mayor Central y secretario general de la Casa del Rey, puesto que ocupó durante 17 años. Sin embargo, sus enfrentamientos durante la Transición con el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, hicieron que fuese relevado en 1977.A pesar de lo cual la lealtad del General Armada fue una constante de su vida como tuvo ocasión de demostrar  en múltiples episodios posteriores de su vida.

Pasó a ser profesor principal de la Escuela Superior del Ejército y, desde el 12 de febrero de 1981, pocos días antes del intento de golpe de Estado, había asumido la segunda jefatura del Estado Mayor del Ejército a las órdenes del General Gabeiras.

En el presente artículo, en el que se recuerda la figura de este militar español, únicamente se pretende citar algunos documentos clarificadores de los  detalles de la gestación y antecedentes de aquellos sucesos que pudieran haber cambiado la historia de España.

 

Ni el general Armada ni el también general Sabino Fernandez Campo han dejado (que se sepa hasta hoy) escritas memorias de aquellos trascendentales acontecimientos.

Por ello hago referencia a la descripción de toda esta apasionante historia, realizada por un insigne historiador, Jesus Palacios, que relata  documentadamente en sus  libros:

“23 F: El REY y su Secreto”, y  “23F : El Golpe del CESID”.

Para ello, reproduzco íntegramente las págs. 76-77-78 y 79 del primero los citados libros, “23 F: El REY y su Secreto”, (LibrosLibres, ISBN:978-84-92654-47.5):

El 13 de febrero de 1981, el rey recibió a primera hora de la mañana a Armada en Zarzuela. Fue un despacho largo y principal con su flamante segundo jefe de Estado Mayor. El monarca tenía especial interés

en hablar con él sobre la situación militar y política, y sobre los hechos que se desencadenarían unos pocos días después. Ignoro si pudo ser una continuación de la que habían mantenido el 6 de febrero

en Baqueira, interrumpida tras el súbito fallecimiento de la reina Federica, madre de doña Sofía, y que no pudo reanudarse hasta después de los oficios religiosos y del enterramiento de la reina en Grecia.

La cita se la dio personalmente el rey el miércoles 11, durante el funeral ortodoxo por la reina Federica. Sabina puso inicialmente algún reparo porque la agenda de ese día estaba completa y don Juan Carlos tuvo

que resolver: «Mete a Alfonso el primero y corre la audiencia de miprimo Alfonso »,

En aquella audiencia, el general Armada informó al monarca que se estaba ultimando la puesta en marcha de la operación especial. El golpe de Estado sui generis de rectificación política. Pero no le dio la fecha

del asalto al Congreso, «porque en esos momentos todavía no la sé». Le dijo al rey que habría un golpe de mano que sería apoyado por  una capitanía, a la que después se irían sumando otras más. El rey le

escuchó con toda atención, pidiéndole que le siguiera manteniendo  informado de cuanto fuera conociendo. Por último, le pidió que fuera a informar a Gutiérrez Mellado de lo que acababa de decirle a él. Armada

también cumpliría ese cometido, y tuvo a continuación una entrevista con el vicepresidente del gobierno. En realidad, la cita formal era su presentación oficial por su reciente nombramiento.

El general Armada ha asegurado posteriormente que así lo hizo, pero no ha dado demasiados detalles explícitos respecto de sí el contenido de ambas conversaciones fue igual. Tan sólo que informó a Gutiérrez Mellado de lo que él sabía y que se ganó un fenomenal broncazo

del «Cuti», quien lo despidió con cajas destempladas: «tú ves visiones».

Luego, Armada regresaría al cuartel general, donde Gabeiras le [76 ]

preguntó por la audiencia con Su Majestad y quiso saber si en algún momento habían hablado de él. Armada, parco en palabras, le respondió que él no contaba sus conversaciones con el rey, y que había

recibido instrucciones de ayudarlo en su trabajo. Quizás, en este asunto, Armada se refiera a que don Juan Carlos le pidió que como tola cúpula militar estaba furiosa con Gabeiras «tú haces un poco de puente y suavizas las relaciones». Varios jefes militares, como Milans,

ni siquiera le dirigían la palabra. ……•

A lo largo de todos estos años, las especulaciones acerca de aquella famosa entrevista del general Armada con el rey han sido abundantes. Sin duda, contribuyó a ello la petición que por escrito le dirigió Armada al rey el 23 de marzo de 1981, un año antes del comienzo de las sesiones del juicio de Campamento. Desvelar e! contenido de la conversaciónera clave para su defensa. Armada recibía constantes presioes

de su familia, amigos, militares, políticos y ministros para que se defendiera. Con la decisión tomada, escribió dicha carta al rey soliciando su autorización para revelar lo que hablaron. Esa carta, que nunca se ha publicado, venía a decir que el rey podía estar seguro de que mantendría su lealtad hacia su persona y hacia la corona hasta e!

final, para lo que estaba dispuesto a sacrificarse, pero que también debía limpiar y salvar el honor de su familia, de su apellido, el de sus hijos y el suyo propio.

Por todo ello, le pedía autorización para revelar el

contenido de la conversación del 13 de febrero, de la que él, Armada,tenía recogida notas exactas. La carta la llevó en mano a Zarzuela JoséMaría Allende Salazar, conde de Montefuerte, diplomático, Grande de

España y primo segundo de Alfonso Armada.

En Zarzuela el asunto se analizó con todo detenimiento entre el jefe y e! secretario de la casa, los ayudantes y el personal más cualificado de palacio. Sin duda alguna, se trataba de una cuestión grave y de

gran compromiso para el rey, tanto si contestaba afirmativa como negativamente.

Y, sobre todo, si lo hacía mediante nota escrita. El rey

había sido el primero en tachar de traidor a Armada durante la recepción que ofreció a los líderes políticos la tarde de! 24 de febrero. Por

ello, la decisión que se tomó en Zarzuela, por consejo de Sabino, fue que no era prudente que Su Majestad contestara por escrito. En vez de eso, una persona de toda confianza, amiga de Armada, le llevaría un

mensaje verbal del rey. El mensajero escogido sería el teniente coronel

[77 ]

Montesinos, que había coincidido con Armada en palacio. La respuesta real, inspirada por Sabino, era clara: «No puedo autorizarte a revelar el contenido de esa conversación puesto que desconozco lo que

quieres exponer, pues aunque tú tengas notas recogidas de la misma yo no las tengo y no sé lo que vas a decir,»

Sin duda alguna, el rey podía sentirse seguro del silencio de tan fiel y leal servidor. Efectivamente, el general Armada no utilizó nada de la citada conversación en su defensa durante el juicio por el 23- F, pero al

trascender que había habido una petición y una respuesta, se fue creando una leyenda y un vendaval de rumores sobre la citada audiencia,que sería calentada por las defensas durante el proceso. Y aquella

audiencia del 13 de febrero permaneció herméticamente sellada durante bastantes años. Con el paso del tiempo, Armada -aunque sin abrir totalmente el archivo de su memoria- ha llegado a reconocer que tanto el rey como el vicepresidente Mellado «sabían que algo iba

ocurrir, sabían que se iba a producir una acción, lo que después fue 23-F; sabían que se iba a producir y no hicieron nada por evitarlo

Con el paso del tiempo, tuve la oportunidad de que el general Armada me facilitara por escrito unas notas de aquella entrevista con el rey Juan Carlos.

«La cuestión que se refiere a la entrevista que tuve con Su Majestad el 13 de febrero, es clave para mí. Nunca quise utilizada, pero ahora para historia creo mi deber aclararla. No revelo ningún secreto. Por eso la escribo

con la conciencia tranquila y mi fidelidad está perfectamente conservada.

»El 1Ode febrero, ultimando en Lérida mi regreso a Madrid, me llamaron de la Casa del Rey para que fuera el 11 por la tarde a la Zarzuela un acto ortodoxo fúnebre por la Reina Federica. Fui con mi mujer y con mi ayudante el teniente coronel Torres. Después del acto hablé con elRey que me citó para el 13 a las 9,30 de la mañana. Sabina se opuso a cita sin que yo sepa la razón, pero el Rey tenía mucho interés en verme.

El 12 se fueron todos a Atenas para el entierro de la Reina. Fui a Barajas para despedidos. Ese día vi a Adolfo Suárez, entre otras personas.

»El 13 de febrero, a las nueve y media fui a ver al Rey. Le hablé de la situación, del descontento, de mis conversaciones con Milans (éste

había dicho «cuéntaselo al Rey»). Le insinué que había varias reuniones

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de oficiales y jefes que hablaban de dar un golpe. Pero no le dije lo del asalto al Congreso porque entonces yo no sabía la fecha fijada. Pero sí que algo se preparaba: «Señor va a ocurrir algo». El Rey me pidió que le

informase de todo lo que supiera. Así lo hice. Le informé con todo detalle de! malestar que había en las Fuerzas Armadas y de que se estaba preparando

algo, un movimiento fuerte de generales y que tan pronto como se produjera se iban a sumar al mismo varias capitanías generales, como la

III de Milans, la II de Merry Gordon, la IV de Pascual Galmes, la VII de Campano López y alguna otra más. La de González del Yerro, Canarias,que era el más decidido, fue el que no quiso saber nada cuando el que

estaba tirando del asunto era Milans, de quien no se fiaba.

»Mi impresión es que me juzgó un alarmista. Pero me dijo que hablara con Gutiérrez Mellado. Fui a verlo al palacio de la Moncloa con mi

ayudante, el comandante Bonel. El vicepresidente me recibió enseguida y empecé a narrarle lo que acababa de decirle al Rey. Poco a poco su cara se

fue congestionando y crispando más. Me cortó. Estaba muy enfadado.

Entre indignado y enfurecido me preguntó por Lérida, le contesté que la división estaba muy tranquila; que si eran monárquicos, inquirió, le afirmé que creía que sí y que en todo caso a mí me obedecerían. Entonces

me confesó «yo no soy monárquico, soy juancarlísta». Luego, de forma seca y dura, me dijo que cómo me atrevía a ir hasta el Rey con esas patrañas,

que con mis historias fantásticas no hacía más que preocupar al Rey,perturbando su tranquilidad, sabiendo, además, que todo lo que le estaba contando no eran más que exageraciones mías que yo veía visiones. Me

echó una buena bronca y me dio un mandato tajante: «Te ordeno que no vuelvas a molestar más al Rey ni a hablar con él sobre estas cosas. Olvida la política y ocúpate de tu destino en el Estado Mayor. Ayuda a Gabeiras

que es tu obligación. No vuelvas a hablar con el Rey hasta que él te llame.

» Me acompañó hasta el ascensor y al despedimos volvió a reiterarme lo mismo de forma muy enérgica y molesta delante de mi ayudante.

Al  bajar me comentó Bonel: «Mi general, ¿qué es lo que le ha dicho? ¡Vaya cabreo morrocotudo que tenía e! Guti!»

»Gutiérrez Mellado tuvo información, sabía lo del 23-F y no hizo nada para abortado. Fue uno de los grandes responsables de que eso sucediera.

Han transcurrido apenas 32 años del 23F1981, tiempo ciertamente corto para un establecer un juicio imparcial de lo ocurrido entonces; por otra parte siempre he rechazado ese absurdo recurso a reconstruir la historia mediante unas especulaciones de lo que hubiera podido ser si….

La situación actual es la que es, y no cabe hacer otro tipo de hipótesis.

Si algo resulta cierto es que la historia es “maestra de la vida” que decía Cicerón y por tanto, debería aprenderse de los sucesos pasados para no repetir los mismos errores; cosa, al parecer, realmente difícil para los  habitantes de este país, antes llamado ESPAÑA.   

F.J.de C.

Madrid, 3 de diciembre de 2.013

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