El espía español que engañó a los nazis el Día D en Normandía.

El 6 de junio de 1944, conocido como el “día D”, los aliados iniciaron el desembarco de un ejército más de 150.000 soldados (73.000 norteamericanos y 83.000 británicos y canadienses) sobre las playas de Normandía.

La conocida como Operación “Overlord”, la invasión aliada de Francia había empezado. Comandados por el general Eisenhower, las tropas aliadas superaron las defensas organizadas por el mariscal alemán Rommel.

Si bien la supremacía aérea anglo-norteamericana fue clave para el éxito de esa inmensa acción militar, de la que este viernes 6/06/2014 se cumplen 70 años, contribuyó a la victoria de los aliados de forma decisiva las labores de inteligencia de un espía español:

A Pujol se le conoció como Arabel y como Garbo.

Pujol García, conocido como el agente Garbo,para los ingleses, jugó un papel clave pues Garbo trabajó como un doble espía. Su nombre clave para los alemanes era Arabel. Era su espía estrella, un hombre que les estaba proveyendo datos de inteligencia valiosos -aunque tardíos- sobre los movimientos enemigos. Al final de la guerra, incluso, lo condecoraron.

En realidad Garbo era el arma secreta de los británicos, un doble agente experto en el peligroso arte del engaño.

En los meses previos al desembarco en Normandía, Garbo envió cientos de mensajes a los alemanes informándoles que la invasión principal no sería en esas playas de Francia sino mucho más al norte, en Pas-de-Calais ( a 249 km de Normandía). Los nazis le creyeron hasta el punto que dejaron buena parte de su tropa allá incluso semanas después de que los aliados hubieran echado anclas.

“Garbo es el ejemplo primordial de cómo se le da información incorrecta al enemigo para usarla en beneficio propio”, le dice a BBC Mundo el historiador Vince Houghton, conservador del Museo Internacional del Espionaje, en Washington.

“Él lideró una red de espionaje falsa de más de 20 personas, los alemanes le pagaron miles de dólares sin saber que les estaba mintiendo todo el tiempo y mandando basura, y al final de la guerra hasta le dieron una medalla. Mejor que eso no se puede hacer”, agrega.

¿Cómo lo logró? ¿Cómo pudo este espía que tras la guerra terminó sus días en Venezuela mantener satisfechos tanto a los alemanes como a los ingleses?

Un espía de biblioteca

La respuesta está en algunos de sus rasgos personales -como su increíble capacidad inventiva y su persistencia- pero también en motivaciones que tienen sus raíces en la Guerra Civil de España.

Nacido en 1912 en el seno de una familia de clase media, Pujol García era una persona normal y corriente que llevaba una vida de lo mas común hasta que la guerra

le generó un desprecio profundo por el nazismo, que lo llevó a querer intervenir activamente contra la Alemania en guerra hasta convertirse en espía.Viajó a  Madrid  en donde se intentó relacionar con las autoridades británicas tres veces sin suerte, y al final logró su objetivo por una vía alternativa: convenció a los alemanes de que espiaría para ellos y, una vez con su confianza en el bolsillo, buscó cómo volverse un agente doble.

Los alemanes le dieron un curso rápido de espionaje con las instrucciones de trabajar en Reino Unido. Pero Pujol no viajó a las Islas Británicas sino que se asentó en Portugal. Desde allá comenzó a enviarles mensajes que pretendían ser reales, pero que en realidad estaban creados con ayuda de revistas, almanaques y libros de referencia que encontraba en una biblioteca. También comenzó a crear su red ficticia de espías.

No dominaba el inglés ni conocía Inglaterra,por lo que algunos de sus informes tenían errores de bulto, pero los alemanes no parecieron advertirlos

Los que sí repararon en su trabajo fueron los ingleses, que en 1942 decidieron finalmente reclutarlo para que les ayudara en algunas de las operaciones más importantes de la guerra. Le dieron el alias “Garbo” para honrar sus habilidades de actuación.

Información correcta… pero demorada

De la mano de Tomás Harris, un oficial británico que hablaba español, Garbo creó al menos 27 espías falsos para engañar a los alemanes, cada uno con una identidad ficticia por ej. uno era sargento estadounidense, otro un venezolano en Escocia o  un nacionalista galés, y así hasta 27.

Ellos resultaron fundamentales para que los alemanes no sospecharan de Pujol. Él, por supuesto, no facilitaba nunca información en tiempo real. Lo que sí hizo fue proporcionarles informes correctos, pero algo desfasados que llegaban demasiado tarde para que pudieran actuar con éxito. La culpa recaía entonces en los mensajeros, sus espías falsos.

Así es como esa  red ficticia jugó un papel importante en los meses que antecedieron al desembarco en Normandía, cuando los aliados estaban planeando su invasión. Uno de sus objetivos consistía en que los alemanes fueran engañados sobre el lugar exacto de la llegada.

Garbo y su red enviaron a los alemanes entre enero de 1944 y el desembarco junio 44, más de 500 mensajes falsos.

Como el objetivo era despistarlos sobre las intenciones de los aliados y pretender que Normandía iba a ser el prólogo de una invasión posterior mayor, también se creó un “ejército fantasma” de 150.000 hombres en el sureste de Inglaterra, que supuestamente estaba preparado para invadir en un punto muy alejado de los planes verídicos.

Los alemanes mordieron el anzuelo. “¿Entonces por qué aceptaron los alemanes completamente la historia de que el ataque en las playas de Normandía sería una distracción? ¿Por qué, incluso dos semanas después de que los aliados llegaron a Normandía, había más soldados alemanes en Pas-de-Calais que antes de la invasión?”,”La respuesta es el engaño. El engaño estratégico”.

Nueva vida en Venezuela

Ese engaño ni siquiera fue descubierto inmediatamente después del desembarco, pues Garbo recibió la notificación de que Alemania quería condecorarlo por sus esfuerzos en la guerra. Poco después, en una coincidencia inusual, también lo premió Reino Unido.

Al final de la guerra y con los temores de ser descubierto o de que los nazis sobrevivientes pudieran perseguirlo, decidió desaparecer. Lo hizo muy a su estilo: fingió su propia muerte en Angola por malaria. En realidad, sin embargo, se instaló secretamente en Venezuela, donde diferentes versiones aseguran que tuvo un cine, un hotel o una librería.

Casi todos lo creían muerto, pero Garbo reapareció en 1984. Tuvo una audiencia con el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y viajó a Normandía para el 40º aniversario del desembarco. Cuatro años después murió en Venezuela.

“Él no ganó ni perdió la guerra por su propia cuenta”, concluye Houghton. “Pero no sólo les dio a los ingleses mucha información buena, sino que también les dio a los alemanes mucha información mala.

“Y la información mala puede ser tan beneficiosa si se le entrega el enemigo como la buena información que se recabe”.

El cine ha dedicado (2.009) al personaje la siguiente película: Garbo, el espía (El hombre que salvó el mundo)”.

F.J.de C.

Madrid, 6 de junio de 2.014

Nota: Info de BBCMundo y prensa.

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Un comentario en “El espía español que engañó a los nazis el Día D en Normandía.

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