Hong Kong arde en manifestaciones y China celebra el  65 aniversario de la creación de la República Popular.

El 1 de octubre de 1949,  el líder del Partido Comunista de China Mao Tse Tung proclama la República Popular China desde la puerta de Tiananmen de la Ciudad Prohibida de Pekín.

Hoy miércoles, 1º de octubre de 2.014, China que celebra el 65º aniversario de la proclamación de la República Popular tiene que hacer frente a las multitudinarias manifestaciones de protesta celebradas en Hong Kong reclamando mas democracia y que han dejado al descubierto la enorme brecha existente entre los dirigentes comunistas y los manifestantes.

Las protestas en Hong Kong  ya tienen su símbolo: los paraguas.Y también su protagonista, el joven que ha convertido a este accesorio en el emblema de las protestas. Cuando las fuerzas de seguridad utilizaron los gases contra la población, los manifestantes abrieron sus paraguas para protegerse. Aunque difícilmente combaten los efectos nocivos del gas pimienta, el paraguas se ha convertido en el símbolo del cambio. Al igual que sucedió en las protestas de Tiananmen, cuando un hombre anónimo se enfrentó a los tanques, ahora la imagen de un joven desprotegido, sin más arma, es el icono de la  revolución silenciosa que se vive en las calles de Hong Kong.

Las autoridades de Pekín,exigen el desalojo de las calles y el cese de las protestas que intensificó el fin de semana pasado el movimiento pro democracia Occupy Central (que agrupa a numerosas asociaciones políticas, sociales y estudiantiles de la ciudad); este miércoles, que es festivo en todo el país,los organizadores esperan que los participantes en la concentración superen los 100.000 manifestantes, estimados según los promotores de la protesta. Los movilizados exigen poder votar (en las elecciones al próximo jefe del Ejecutivo de la región, en 2017) a cualquier candidato por sufragio universal,  no solo elegir entre dos o tres candidatos previamente autorizados por el Gobierno central, como ha dictaminado el Gobierno de Pekín lo que  generó gran desencanto en la población de la ex colonia británica.

La tradicional ceremonia de izamiento de bandera en el paseo marítimo Victoria Harbour presidida por el jefe ejecutivo de la isla, Leung Chun-ying fue interrumpida por un grupo de estudiantes que  le han dado la espalda y cruzado sus brazos en forma de cruz a modo de protesta silenciosa. Entre ellos destacaba Joshua Wong, un líder estudiantil de 17 años que pertenece al grupo Scholarism y se ha convertido en el referente de la revuelta porque hace dos años organizó las protestas contra los planes educativos que el régimen de Pekín quería imponer en Hong Kong para incentivar el patriotismo chino. Un programa que muchos estudiantes consideraban un “lavado de cerebro” de la propaganda para anular la singularidad hongkonesa.

Estas protestas, las más violentas en Hong Kong en los últimos 50 años, representan un dilema para el presidente Xi Jinping. El hombre más poderoso de China tienen dos opciones: desalojar las calles de Hong Kong -una decisión que inevitablemente conducirá al aumento de un espíritu anti chino- u ofrecer concesiones a los manifestante lo que implicará que le vean como un hombre débil dentro del Partido Comunista de China. Por otro lado, utilizar la violencia en Hong Kong podría repercutir en el estatus de Hong Kong como ciudad en la que impera la libertad y la facilidad para hacer negocios. Según el índice de facilidad para hacer negocio, Hong Kong es la segunda ciudad con mayor facilidad para emprender, según el índice Doing Business.

Hong Kong es China“, por lo que los asuntos de ese territorio “son de soberanía china”, afirmó una portavoz del Ministerio de Exteriores,durante una conferencia de prensa.

El gobierno chino bloqueó al resto del país las noticias sobre las protestas a favor de la democracia que se realizan en Hong Kong, de tal forma que en los medios de prensa controlados por el Estado no ha aparecido ninguna imagen de las manifestaciones y al menos un hombre ha sido detenido por enviar mensajes sobre los acontecimientos.

Por el contrario, los medios de comunicación en Hong Kong han estado transmitiendo ininterrumpidamente acerca de las multitudes manifestantes, mostrando estudiantes desarmados a quienes se impide avanzar con medios antidisturbios cuando lo que exigen es una democracia más representativa en la otrora colonia británica.

El contraste pone de relieve las diferencias en el acuerdo “un país, dos sistemas”  al que se comprometió el Partido Comunista de China cuando negoció la devolución de Hong Kong en 1997, concedió a Hong Kong cierta autonomía, libertad de prensa y apertura al capitalismo. La ciudad, llena de restaurantes, centros comerciales, lujo y empresarios, es el escenario también de la corrupción, que con tanto empeño está combatiendo el presidente Xi.

Los manifestantes prometieron permanecer en las calles hasta que Pekín revoque su decisión de restringir y controlar el número de candidatos a la próxima elección del jefe del Ejecutivo de Hong Kong, prevista en 2017. Muy pocos de ellos esperan concesiones por parte del poder central, lo cual suscita dudas sobre los próximos pasos del movimiento y de los gobernantes chinos.

El Partido Comunista teme que si permite que continúen las manifestaciones  a favor de la democracia se propague a la parte continental del país donde se ha observado una amplia represión contra los disidentes bajo el liderazgo de Xi Jinping y son varios los dirigentes del Partido Comunista de China que abogan por poner fin cuanto antes a esta inestabilidad.

F.J. de C.

Madrid, 1 de octubre de 2014

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