Retrato  familiar de los Reyes de España, por Antonio López.

Recientemente el pintor español Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 6/01/1936), probablemente nuestro mejor  pintor actual, del género hiperrealista, ha hecho entrega a Patrimonio Nacional  del cuadro de los Reyes y su familia que el Rey (emérito) Juan Carlos I le había encargado en 1994.

Como era de esperar este cuadro ha suscitado toda clase comentarios, que van desde las críticas al artista por el notable retraso en su ejecución hasta consideraciones políticas de todo tipo, en particular referidas a la familia real que con la abdicación de Juan Carlos y proclamación del Rey Felipe VI, así como las incidencias procesales de la todavía Infanta Cristina y su esposo que están de plena actualidad.

En el presente artículo me limito exclusivamente a reproducir íntegro un artículo publicado en Libertad Digital (www.libertaddigital.com/)por Federico Jiménez Losantos, uno de los escritores y comunicadores mas cultos de nuestro país y  que maneja hábilmente una prosa afilada y en ocasiones sarcástica como podrá observar el lector  en este caso.

Dicho artículo se explica por sí solo por lo que considero innecesario realizar ningún comentario adicional por mi parte.

Con el artículo se acompañan algunas fotos del retrato en cuestión, un video de YouTube y también una reproducción de otro retrato histórico: “La familia de Carlos IV” , de Goya, que se encuentra en el Museo del Prado.

F.J.de C.

Madrid, 8 de diciembre de 2.014

 

La Familia Real: El cuadro completo de A.López

La Familia Real (detalle)

La Familia Real, (otro detalle)

Fotografía de Chema Conesa, de 1994, utilizada por A.López como modelo inicial.

La Familia del Rey Carlos IV, Goya; Museo del Prado, Madrid.

La Corona en cuadro

No digo yo que Antonio López tuviera la obligación de seguir a pies juntillas el cuadro por excelencia de cualquier Familia Real española que es La Familia de Carlos IV de Goya. Pero entre copiarlo y vaciarlo cabía un término medio, un compromiso entre lo que cabe y lo que sobra. Dicen que en el soberbio retablo goyesco hay algunos que no descienden demasiado de Carlos IV, aludiendo a la cruz de aquella pareja cuyo cirineo, dicen, fue Godoy. Pero los hijos del Rey son los que el Rey reconoce como hijos y, por eso, incluso después de la invención republicana del ADN, no cabe dudar del fundamento de la monarquía hereditaria: la indiscutibilidad del Sucesor. Siempre acechó la tentación de trocar la lotería hereditaria por una especie de meritocracia aristocrática electiva, pero la historia de España muestra que la monarquía por elección acababa decidiéndola el “puñal del godo”, mecanismo electoral crudelísimo: 40 reyes visigodos en dos siglos. Ante semejante vértigo sucesorio, mejor no discutir paternidades regias.

La distancia del Príncipe y el resto de la Familia

Pero Antonio López no hace en La familia deJuan Carlos I un retrato familiar, sino un editorial político con abrasiva interpretación dinástica. De otro modo, no se explica que la clave de un cuadro que, por serlo de una monarquía, está en el Rey y en su unión con los demás, sobre todo con quien debe sucederlo, aquí no esté en la unión sino en la desunión, porque el Príncipe está a un palmo del resto, poniendo tierra de por medio. Desde que Carlos IV y Fernando VII se dieron de coces ante Napoleón en Bayona, es la primera vez que el futuro rey de España -presente ya, tanto ha tardado el cuadro- no aparece acercándose a su familia sino largándose. Es como si Antonio López se hubiera leído el discurso de la proclamación de Felipe VI y lo hubiera vaciado en metáfora: cuanto más lejos, mejor.

Aparte de la distancia o tajo dinástico, otros aspectos del cuadro llaman muchísimo la atención, siempre en contra de Juan Carlos I. Por de pronto, la mengua en su talla física, cuya intención quedó clara el día en que López, Borbón y Borbón y de Borbón Grecia se fotografiaron ante el cuadro. El Emérito, pese a sus muchos achaques, operaciones de cadera e innumerables triquitraques óseos, sigue siendo más alto que su señora. No así en el cuadro: Juan Carlos es como el recorte de un retrato suyo que, por ser de tela, hubiera encogido al lavarlo. En cambio, Sofía, tal vez por haber sido lavada en seco, conserva sin merma alguna su anchurosa envergadura. El resultado es que Sofía es la que reina en el centro de la imagen mientras que Juan Carlos parece aferrarse al cuello de la infanta Elena para no seguir menguando y jibárizándose, conforme se aleja en la perspectiva del cuadro.

No parece acoger con agrado Elena esa mano paterna que, a modo de zarpa, se posa en su cuello. Tampoco a López parece gustarle mucho la infanta. Para empezar, la pinta medio calva, como Olivia Pope en Scandal, pero con las robustas pantorrillas que usaba antes de casar con Marichalar y convertirse en lo que antaño se llamaba una real hembra. Yo la he tenido delante el día de la boda de su hermano y doy fe de que, de espaldas, puede competir con la monumental Tania Doris, la gran vedette del Teatro Apolo barcelonés, cuando, escoltada por Luis Cuenca y Pedrito Peña, bajaba al patio de butacas y enarbolando un peine blanco de siete palmos se sentaba sobre un afortunado paleto y le cantaba: “Péiname, nene, que te conviene”. Aquí, parece enfadada con algún jinete y con la falda muy menguada tras algún lance sabináceo.

Cristina no parece Cristina

A la presunta infanta Cristina, en cambio, le sobra falda por doquier. Y no digo “presunta” por fastidiar, aludiendo a su delicada situación judicial, sino a que creo que la que aparece rozando la pulsera revenguiana de Elena no es la señora de Urdangarín, otro que, como su ex-cuñado, deja mucho hueco en esta destartalada exhibición de vacíos de Antonio López, sino porque la que aparece con esa falda cuatro tallas mayor que la suya es su prima Alexia de Grecia, tras el único plan de adelgazamiento exitoso de los muchos emprendidos antes de sus problemas canario-inmobiliarios. De ahí los pingos de la falda, que no son alivio de faltriquera pedralbesina sino sobras textiles que la enflaquecida muestra con indisimulada satisfacción. Aparte de Sofía, musa del pintor y con hartas razones de venganza, es la única que sonríe. Porque está flaca y no es de la familia. Si no, ¿de qué?

Y abordemos, en fin, la pregunta más difícil que suscita el cuadro de esta monarquía en cuadro, este estudio de piso después de una mudanza o de almacén de pintura y estucado que deja el local por cese en su actividad. ¿Es Felipe de Borbón y Grecia el señor que aparece echándose a un lado? Mucho cambia uno en veinte años, pero ni de novio de la Sartorius parecía, como aquí, hermano mayor de Moreno Bonilla. A lo mejor, empeñado en desmarcarse, acabó por irse del todo, dejando el sitio a uno de esos jóvenes tan bien peinados y mejor plantados del AVE Madrid-Sevilla. A lo peor, tenía prisa por hacer de chófer de Artur Mas, entre Barcelona y Cartagena.

Federico Jiménez Losantos

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2 comentarios en “Retrato  familiar de los Reyes de España, por Antonio López.

  1. Comentario recibido de aml. directamente en mi correo:
    Jeje. Resulta gracioso leer el artículo. Parecen las contestaciones de un sujeto psicoanalizado, sometido al test de proyección, TAT, en el que el psicoanalista muestra al sujeto una lámina y le pide que imagine una historia a partir de esta lámina y cuente lo que ve.
    Jiménez Losantos, el sujeto, examina el cuadro y no percibe el reposado equilibrio que se desprende de la composición, el cálido ambiente que se respira, la luz que lo ilumina, la suave textura de las pinceladas, la gradación de grises y pasteles en la gama del beige destacando levemente, pero sin quedar empastado con el atrevido blanco-roto de los visillos que hacen de fondo y, en tonalidades más oscuras contrastando sobre el conjunto, el ropaje del Rey y del entonces Príncipe.
    Pero, a Jiménez Losantos, a quien el lado artístico del cuadro no le preocupa nada, observa y cuenta su historia:
    – La distancia del Príncipe y el resto de la Familia en el cuadro es todo un editorial político de abrasiva interpretación dinástica, porque el Príncipe está a un palmo del resto, como poniendo tierra de por medio.
    – Conviene resaltar la menguada talla física de Juan Carlos I, pero no la de la Reina, que por su posición en el cuadro parece que gobierna la familia.
    – Juan Carlos parece aferrarse al cuello de la infanta Elena, no con agrado, sino a modo de zarpa, y a ella se refiere, de una forma un tanto homérica, como “la de las robustas pantorrillas”; toda una hembra, dice, como las del teatro Apolo.
    – Queda claro que a la infanta Cristina, le sobra falda e interpola en la historia a su prima Alexia con problemas de obesidad y otro asunto de un no sé qué inmobiliario canario. > – La reina Sofía, musa del pintor, es la única que sonríe. > > Jiménez Losantos proyecta del subconsciente un fermento republicano que comprende, no viene a cuento, pero que aflora incontinente en una historia con poca miga y demasiada costra; y a falta de levadura artística, ha metido para engordar sus observaciones sobre el cuadro a la prima Alexia, a Godoy y al puñal del godo. > > Podía haber parafraseado a aquel vasco a quién su mujer pregunta que ha dicho el párroco en su homilía acerca del pecado y, como él, laconicamente podría haber respondido del cuadro: que no era partidario.”

    • Estoy bastante de acuerdo con tu comentario; además tu has visto el famoso cuadro al natural;yo no y me temo que FJL tampoco.
      En mi artículo del blog me limito a reproducir el del famoso periodista en el que hace un alarde de sus conocidas opiniones anti juancarlistas y de esa fobia antimonárquica que el (psico)análisis descubre y que FJL escribe con notorio sarcasmo, so pretexto de crítica de arte.
      En fin, que me he quedado con ganas de visitar el famoso cuadro y ver si soy capaz de apreciar todos esos detalles que tu describes; por el momento y a la vista de las fotos publicadas en la prensa de papel y digital, resumiría de forma breve y tal vez ramplona mi opinión con un simple “ni fu ni fa” y desde luego con la seguridad de que Antonio López tiene cosas mucho mejores.

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