RELIGIÓN: Monseñor Óscar Arnulfo Romero , beatificado.

 

I.- República de El Salvador, breves datos socio económicos.

 

 

El Salvador, situado en América Central, tiene una superficie de 21.040 Km2, con lo que se encuentra entre los países considerados pequeños.

Con una población de 6.340.454 personas, es uno de los países menos poblados del mundo pero con una alta densidad de población (301 habitantes por Km2).

El 80% de su población es mestiza, mezcla de indígenas con europeos. El 18% lo componen blancos de ascendencia española y de otros lugares de Europa; aproximadamente el 1% es indígena.

Todos los habitantes de El Salvador hablan español.

Su capital es San Salvador y su moneda Colones.

El Salvador es la economía número 106 (sobre 168)  por volumen de PIB.Su deuda pública en 2013 fue de 10.131 millones de euros, un 55,46% del PIB y su deuda per cápita de 1.598 € euros por habitante.

La última tasa de variación anual del IPC publicada en El Salvador es de abril de 2015 y fue del -0,3%.

El PIB per cápita es un muy buen índicador de la calidad de vida y en el caso de El Salvador, en 2013, fue de 2.881€ euros, con lo que ocupa el puesto 107 de la tabla, así pues sus ciudadanos tienen, según este parametro, un nivel de vida muy bajo en relación al resto de los 183 países.A título de ejemplo, otros países del área, como Honduras, (peor todavía) ocupa el puesto núm 111 con 1725€p.c.; Guatemala, (similar) el núm. 114  con 2619 €p.c.;  Nicaragua, el núm 137  con 1379€p.c.; finalmente, Costa Rica, es, con creces,  el mejor de todos, ocupa el puesto núm. 65 con 7.668€p.c..

II.- Óscar Arnulfo Romero y Galdames, datos biográficos.

Óscar Arnulfo Romero y Galdames (Ciudad Barrios, 1917 – San Salvador, 1980) Arzobispo salvadoreño. Formado en Roma, inició su carrera eclesiástica como párroco de gran actividad pastoral. En 1970 fue nombrado obispo auxiliar de El Salvador, y en 1974 obispo de Santiago de María.

“San Romero de América”, santo para el pueblo católico de El Salvador desde el momento en que el arzobispo de la capital fue asesinado mientras celebraba misa 35 años atrás, es desde este sábado 23/05/2015, Beato.

Era hijo de Santos Romero y Guadalupe Galdámez, ambos mestizos; su padre fue de profesión telegrafista. Estudió primero con los PP.Claretianos, y luego ingresó muy joven en el Seminario Menor de San Miguel, capital del departamento homónimo. De allí pasó en 1937 al Colegio Pío Latino Americano de Roma, donde se formó con jesuitas. En Roma, aunque no llegó a licenciarse en Teología, se ordenó sacerdote (1942).

Trabajador y tradicionalista, solía dedicarse a atender a pobres y niños huérfanos. En 1967 fue nombrado Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES). Tres años después el papa Pablo VI le ordenó obispo auxiliar de El Salvador.

Crítico por entonces de las nuevas vías abiertas por el Concilio Vaticano II (1962-1965), Monseñor Romero no tuvo buenas relaciones con el arzobispo Chávez y González, ni tampoco con un segundo obispo auxiliar, Arturo Rivera y Damas. Movido por aquella postura, cambió la línea del semanario Orientación (que desde entonces disminuyó notablemente su difusión). Fue nombrado obispo de Santiago de María en 1974. De gran dedicación pastoral, promovió asociaciones y movimientos espirituales, predicaba todos los domingos en la catedral, y visitaba a los campesinos más pobres. Cuando el 8 de febrero de 1977 fue designado arzobispo de El Salvador, las sucesivas expulsiones y muertes de sacerdotes y laicos, Monseñor Romero pidió al Presidente una investigación, excomulgó a los culpables, celebró una misa única el 20 de marzo (asistieron cien mil personas) y decidió no acudir a ninguna reunión con el Gobierno hasta que no se aclarase el asesinato (así lo hizo en la toma de posesión del presidente Carlos Humberto Romero del 2 de julio). Asimismo, promovió la creación de un “Comité Permanente para velar por la situación de los derechos humanos”.

El Nuncio le llamó al orden (?), pero él marchó en abril a Roma para informar directamente al Papa, que se mostró favorable a su actuación. En El Salvador, el presidente endureció la represión contra la Iglesia (acusaciones a los jesuitas, nuevas expulsiones y asesinatos, atentados y amenazas de cierre a medios de comunicación eclesiásticos). En sus homilías dominicales en la catedral y en sus frecuentes visitas a distintas poblaciones, Monseñor Romero condenó repetidamente los violentos atropellos a la Iglesia y a la sociedad salvadoreña.

En junio de 1978 volvió a Roma y, como la vez anterior, fue reconvenido por algunos cardenales pero fue apoyado por Pablo VI. Continuó, pues, con idéntica actitud de denuncia, ganándose la animadversión del gobierno salvadoreño y la admiración internacional.

La Universidad de Georgetown (EE.UU.) y la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) le concedieron el doctorado honoris causa (1978 y 1980 respectivamente), algunos miembros del Parlamento británico le propusieron para el Premio Nobel de la Paz de 1979, y recibió en 1980 el “Premio Paz”, de manos de la luterana Acción Ecuménica de Suecia.

Insatisfecho por la actuación de la nueva Junta de Gobierno, intensificó los llamamientos a todas las fuerzas políticas, económicas y sociales del país, la Junta y el ejército, los propietarios, las organizaciones populares, sus sacerdotes e incluso a los grupos terroristas para colaborar en la reconstrucción de El Salvador y organizar un sistema verdaderamente democrático. El 17 de febrero de 1980 escribió una larga carta al presidente estadounidense Jimmy Carter, pidiéndole que cancelase toda ayuda militar, pues fortalecía un poder opresor.

Finalmente, el 23 de marzo, Domingo de Ramos, Monseñor Romero pronunció en la catedral una valiente homilía dirigida al Ejército y la Policía. Al día siguiente, hacia las seis y media de la tarde, durante la celebración de una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, fue asesinado en el mismo altar por un francotirador.

Se atribuyó el crimen a grupos de ultraderecha, afirmándose que la orden de disparar habría sido dada por el antiguo Mayor Roberto D’Aubuisson (uno de los fundadores, posteriormente, del partido Alianza Republicana Nacionalista, ARENA); sin embargo, no se detuvo a nadie y todavía en la actualidad permanecen sin identificación y castigo los culpables.

III.- Largo proceso de beatificación.

Así fueron pasando los años hasta que en mayo del 2007, durante el vuelo a Brasil para participar en la asamblea de los obispos latinoamericanos (CELAM) en Aparecida, Benedicto XVI manifestó en la conferencia de prensa en el avión que Romero era «un gran testigo de la fe». Añadió que, a título personal, «no dudo que merezca la beatificación», comentario que fue omitido en la transcripción del Vaticano.

El 30 de diciembre del 2012, mes y medio antes de su renuncia, Benedicto XVI, ordenó desbloquear el proceso de Romero. En septiembre del 2013, el prefecto de la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, manifestó que «he leído los seis tomos sobre Oscar Romero, y la Congregación ha dado su visto bueno». El Papa Francisco solo tuvo que dar su aprobación al final del trámite.

La guerra civil en El Salvador era un conflicto atroz, por el salvajismo de la guerrilla pero sobre todo, por la violencia desmedida de los militares, que dieron muerte a decenas de millares de civiles.

El día anterior a su asesinato, en su última homilía pública, Romero se había dirigido de nuevo a la conciencia de los militares: «Yo quisiera hacer un llamamiento a los hombres del ejército. Y, en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos: son de nuestro mismo pueblo; matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar” Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios».

Su biógrafo, Roberto Morozzo della Rocca, considera que, si hubiese que aplicar etiquetas simplistas, Oscar Romero era«clásico» o «conservador», con una espiritualidad muy tradicional. En política, «no se sentía ni de derechas ni de izquierdas. Defendía la justicia». Esa rectitud evangélica le costó la vida.

IV.- La beatificación.

En virtud de nuestra autoridad apostólica facultamos para que el venerado siervo de Dios, Oscar Arnulfo Romero Galdámez (…) en adelante se le llame beato”, aseguró el cardenal Angelo Amato al leer una carta del papa Francisco.

En 1975, Romero había escrito una carta a Pablo VI para pedir la apertura del proceso de beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer, y le contaba que «personalmente, debo gratitud profunda a los sacerdotes de la Obra, a quienes he confiado con mucha satisfacción la dirección espiritual de mi vida y la de otros sacerdotes».

Se escribía de vez en cuando con el beato español Alvaro del Portillo,sucesor de San Josemaría al frente del Opus Dei, y a veces leía sus cartas en las homilías. La última, tres meses antes del asesinato.

Miles de devotos de monseñor Romero llenan, desde primeras horas de la madrugada, la plaza del Salvador del Mundo de la capital salvadoreña,donde ha sido beatificado a las 10:00 horas (16:00 GMT) ante unas 285.000 personas, según estimaciones de la Iglesia católica.

Los fieles, provenientes de diversos países de Latinoamérica, han acudido a San Salvador, una ciudad que anoche comenzó con una vigilia a la que asistieron miles de personas para homenajear al que, desde siempre, es para ellos el amigo de los pobres, en la víspera de su beatificación. Unos hicieron noche en las inmediaciones del lugar elegido para el evento; otros salieron de sus casas antes del amanecer para conseguir la mejor ubicación, el lugar idóneo desde el que no perderse detalle de la ceremonia.

V.- San Romero de América.

Monseñor Romero es para los salvadoreños mucho más que un mártir; es el héroe, el defensor de las causas justas, el hombre bueno, es San Romero de América, como lo «bautizaron» desde que fue asesinado en San Salvador el 24 de marzo de 1980 por un escuadrón de la muerte. Para los fieles, su beatificación no es más que el primer paso hacia la canonización, que reivindican desde hace 35 años.

En pocas horas, una parte de su sueño se habrá hecho realidad; el mártir ya es beato, el beato estará más cerca de la ansiada canonización.

El Beato Romero es una de las figuras más destacadas en el compromiso de la comunidad católica iberoamericana en defensa de los derechos humanos.

Con su beatificación, paso previo a la santidad, el Papa Francisco reconoce la dimensión histórica de un religioso que murió por su defensa de los pobres y los oprimidos.

F.J.de C.

Madrid, 24 de mayo de 2.015

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