Medicina: La curación mediante plantas medicinales.Entre la  ciencia y la superchería.

Sauce blanco de cuya corteza se obtuvo la Aspirina.

Cada cierto tiempo, los medios de comunicación se ven inundados por noticias o anuncios que prometen remedios milagrosos para la curación de graves enfermedades, desde curar la diabetes con Stevia rebaudiana, hasta un tratamiento para curar o prevenir el cáncer basado comer hojas de Kalanchoe (*),   en oler limones,  o un remedio contra el ébola en alguna exótica planta.

Una gran parte de las veces se escudan en afirmaciones como que la medicina moderna tiene su origen en las plantas, o que a la malvada mafia de la industria farmacéutica no le interesa que tal o cual remedio salga al mercado.Pero parece que, en realidad, las cosas no son tan sencillas.

Empecemos por el principio. El principio activo.

El principio activo es una molécula que interactúa con ciertos receptores moleculares del organismo y genera una respuesta farmacológica activa. En otras palabras, el principio activo es esa molécula que hay en todo medicamento, y que de algún modo, previene, alivia los síntomas o cura una enfermedad.

Es cierto que muchos principios activos se extraen de plantas. Sin ir más lejos, algo tan sencillo como el café contiene un principio activo conocido por todos, denominado “cafeína”, que produce efectos farmacológicos también muy bien conocidos.

El problema viene cuando intentamos determinar la cantidad de principios activos que hay en una planta. Otra cosa que debemos tener en cuenta es que todo producto químico, incluso aunque sea de origen natural, puede causar problemas de toxicidad e incluso la muerte, según la dosis a la que se administre. Con el café es difícil llegar al extremo del fallecimiento, sin embargo hay muchas plantas que son realmente peligrosas. La dosis letal—50, que se define como aquella que mata a la mitad de las personas que lo consuman, para el taxol, que es uno de los principios activos del tejo, es de tan solo 2,3 gramos para una persona de 60 kg.

La extracción y aislamiento de ese principio activo nos da otra ventaja importante: poder cuantificar con precisión cuál es la cantidad de principio activo disponible, y por tanto dosificarlo adecuadamente en función del efecto deseado y el peso del paciente. Así se produce un medicamento a partir de una planta. Así se produjo hace más de cien años la aspirina a partir de un principio activo extraído de la corteza del sauce blanco.

¿Y qué tiene que ver todo esto con que si la guanábana (deliciosa fruta tropical) es cien veces más efectiva que la quimioterapia, con que si oler limones prevenga el cáncer o con que si comer hojas de Kalanchoe  lo cure?

Fácil. Que en el mundo real, las cosas no son tan sencillas.

En primer lugar, para que una planta como Kalanchoe daigremontiana cure determinados tipos de cáncer, tiene que tener principios activos que sean eficaces contra esos tumores. Algo que no se ha encontrado hasta el momento.

Sin embargo sí que es cierto que se han encontrado unos principios activos, llamados bufadienólidos, que in vitro sí que parecen ser, potenciales agentes quimiopreventivos del cáncer. Claro que tan solo hay un artículo científico en el que soportar esa afirmación.

Suponiendo que eso sea cierto, aún queda mucho para poder afirmar que esta planta sea un remedio eficaz. En primer lugar, el principio activo tiene que ser adecuadamente ensayado in vivo, primero en animales no humanos y, si supera los controles necesarios, después en personas. Un resultado in vitro no significa que automáticamente vaya a ser eficaz en un enfermo real.

Pero incluso aunque se descubriera que esos principios activos,( esos bufadienólidos), sean eficaces in vivo, y conozcamos cuál es su dosis mínima efectiva y su dosificación óptima, y que su relación entre el riesgo de medicarse y el beneficio aportado sea aceptable, no hay manera conocida de saber qué cantidad de principios activos hay en una planta viva, y tampoco sabemos si existen otras moléculas que estén entorpeciendo o aportando unos efectos indeseados.

El proceso correcto para desarrollar un producto que realmente sea eficaz sería encontrar la forma de producir el principio de forma sintética —porque no importa que el origen sea natural o artificial, el principio activo es el mismo y su efectividad también lo es—, y si eso no es posible, que a veces pasa, el método a seguir es cultivar la planta en condiciones lo más controladas posible, y realizar una adecuada extracción, aislamiento, cuantificación y dosificación del principio activo.

En estas condiciones, su eficacia sería, sin duda, superior al de la planta en bruto, porque en todo momento se conocería la cantidad exacta de fármaco que se está metiendo al cuerpo del enfermo y se podría mantener bajo el estricto control médico, algo que es imposible de realizar en una planta cuya concentración de principios activos es muy variable, dependiente de una enorme cantidad de factores ambientales y además en la que las interacciones mucho mayores.

Así pues, cada vez que alguien diga que tal planta es beneficiosa para cual enfermedad, tenemos que preguntar muchas cosas: cuál es el principio activo que hace que eso sea así, qué otras moléculas también presentes pueden modular el efecto, hasta qué punto su efectividad está comprobada por vía experimental, cuál es la concentración media de principio activo en la planta y cuál es su posible variabilidad en función de las condiciones ambientales, cuál es la dosificación idónea para conseguir el mejor efecto al menor riesgo, cuál es el método idóneo de obtención y cuantificación del principio activo, etcétera.

Evidentemente, toda esta información no va a aparecer en un medio normal y corriente por lo que  para saber si estamos ante algo real o ante una afirmación pseudocientífica de charlatanes, cuando nos hablan de plantas medicinales lo ideal sería comprobar la bibliografía científica, revistas científicas especializadas cosa que evidentemente no está al alcance de cualquiera.

Por ello como medidas de precaución ante este tipo de noticias puede ser de utilidad analizar los  textos de los artículos en cuestión valorando:

  1. Si nos hablan de “un principio activo presente en” una planta, es mucho más fiable que si nos hablan directamente de la planta.
  2. Si nos plantean que “puede ser un remedio para” lo que sea, es mucho más fiable que si nos afirman con rotundidad que “es un remedio”.
  3. Si nos aportan estudios clínicos u otros tipos de artículos científicos es, siempre, mucho más fiable que si no lo hacen.
  4. Si nos especifican el nivel de experimentación en que se encuentran (in vitro, ensayos en animales o en humanos) es mucho más fiable que si no lo hacen, o incluso que si camuflan lo que en realidad es un resultado in vitro y provisional y lo hacen pasar como una aplicación definitiva para humanos.

Establecer claramente criterios para diferenciar el estudio científico de los medicamentos naturales y la charlatanería de herbolario es algo muy importante por dos razones: La primera, para evitar que la población sea engañada por desalmados que solo pretenden vender sus “hierbajos” a personas que necesitan ayuda médica efectiva.

La segunda es evitar que, ante resultados reales, las voces críticas se excedan en su crítica y que la investigación en una molécula potencialmente beneficiosa quede descartada a causa de la mala fama que aquellos charlatanes hayan podido esparcir.

F.J.de C.

Madrid, 6 de octubre de 2.015

Notas:

1.-  (*)  Kalanchoe es un género con alrededor de 125 especies de la familia Crasulaceae, nativas del Viejo Mundo aunque unas cuantas han sido introducidas en el Nuevo Mundo y crecen en estado silvestre.

2.- Con info recogida en “Naukas”.

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