Enseñanza de la Religión y pacto nacional por la educación.

En el presente artículo se trata de la enseñanza de la religión dentro de lo que ello significa para alcanzar un pacto nacional por la educación sin entrar en otros temas tan importantes como la excelencia y calidad de la enseñanza que sin duda también deben ser objeto de dicho pacto.

I.- Antecedentes.

El nuevo gobierno tiene como uno de sus objetivos principales alcanzar un pacto sobre Educación entre todas las fuerzas políticas.

No cabe duda que se trata de un objetivo tan importante como difícil de conseguir pues las leyes promulgadas hasta el momento lo han sido desde mayorías absolutas o muy cualificadas y alguna como la LOMCE  de 2.002 promulgada por el PP, ni siquiera llegó a entrar en vigor.

Desde 1970, España ha sufrido muchos cambios en educación, como da cuenta de ello las siete leyes educativas que se han ido aprobando desde el año 1970, aunque de éstas, solamente tres leyes han sido las organizadoras de la educación en España. La de 1970, que tuvo vigencia hasta 1990, cuando el  gobierno del PSOE promulgó la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE), de 3 de octubre de 1990 que sustituyó a la Ley General de Educación de 1970, vigente desde el régimen anterior.

Posteriormente en 2.002 la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE),que como indica su nombre pretendía reformar y mejorar la educación en España, fue promulgada durante el gobierno del P.P. de  José María Aznar pero nunca entró en vigor al ser derogada 2.004 por un Real Decreto Ley cuando  el PSOE  de Zapatero llegó al gobierno.

El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero elaboró la Ley Orgánica de Educación (LOE), aprobada en el Congreso en 2.006 con amplia mayoría gracias al apoyo de CiU, ERC, PNV, ICV, CC, y EA. PP votó en contra e IU se abstuvo. Uno de los puntos que más revuelo causaron fue el de incluir la asignatura de religión pero voluntaria , eso sí, de oferta obligatoria para los centros educativos. Esta Ley crea una nueva asignatura obligatoria, “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”.

La Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, LOMCE, 2.013,  promulgada por el P.P. con mayoría absoluta, pretende la reforma de la LOE y de la LOGSE, dos leyes socialistas en aplicación hasta entonces y a las que el PP siempre se opuso.La Ley vuelve a dar plena validez académica a la asignatura de Religión, recupera las pruebas externas de evaluación o reválidas etc. ha sido calificada como sectaria, discriminatoria y retrógrada por toda la oposición de izquierdas habiendo encontrado también fuerte oposición en el profesorado y en el alumnado que han desembocado en manifestaciones, concentraciones y huelgas, como la general del 16 de mayo de 2013.

II.- Las “marías”.

Así han sido conocidas desde siempre por el alumnado la asignaturas de Educación Física, Religión y Política, propiamente llamada “Formación del Espíritu Nacional” FEN que en su día eran obligatorias en todo tipo de enseñanzas, incluída la universitaria.

Con la llegada del nuevo régimen político, despareció la FEN si bien el gobierno de Zapatero la reintrodujo en la enseñanza media bajo el pomposo apelativo de “Educación para la Ciudadanía” ,con todos los honores académicos, como si de matemáticas se tratara.

La Religión que quedaba relegada a una cosa secundaria, voluntaria que podría ser canjeada por algo de tipo histórico-cultural pero académicamente secundario.

El Partido Popular en su nueva ley LOMCE, tan rechazada por la izquierda, no se atrevió a abolir esta mamarrachada de “la Ciudadanía”  del ocurrente y sectario ZP.

En esto de derogar lo que no les gusta, el PSOE tiene una habilidad especial y una decisión digna de mejor causa.

III.- Religión.

La Constitución española en su artículo 27, garantiza la libertad de enseñanza así como el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

Conviene recordar que existen dos clases de centros: públicos, que dependen totalmente del Estado y  privados, que son gestionados por la iniciativa privada; dentro de estos a su vez hay que distinguir entre los privados-concertados, que reciben subvención del Estado y los privado puros, sin ningún  tipo de subvención.

Los centros privados-concertados, cuyo coste de explotación por plaza es notablemente inferior al de los públicos, están regidos en su mayoría por órdenes religiosas y tienen un gran prestigio académico.El Estado, a cambio de la subvención les exige ciertas condiciones organizativas. La izquierda en general vería con enorme agrado su desaparición y este puede ser uno de los asuntos mas vidriosos en las negociaciones para alcanzar el “pacto”, dado que aunque constitucionalmente el gobierno no puede liquidar por completo la enseñanza privada, sí podría establecer una serie de condiciones reglamentarias tan exigentes que los centros concertados, al menos,  quedarían eliminados de facto.

Parece lógico establecer que cualquier centro de enseñanza sea público o privado debe tender a la formación integral de sus alumnos y el hecho religioso, sin duda, es una parte importante de los contenidos de dicha formación.

Es evidente que los centros privados y concertados, tienen pleno derecho a organizar sus clases, incluyendo la de Religión, de acuerdo con el ideario que profesen.

Los colegios regidos por religiosos deben transmitir, en un espíritu de libertad, un mundo de valores que se deducen del mensaje cristiano, haciendo ver, por otra parte, la enorme importancia del cristianismo en la configuración de la cultura, especialmente occidental. Lógicamente, al ser centros que los padres eligen libremente, esta oferta “religiosa” se realiza en el marco de un cuadro que resulta obligatorio para quienes han elegido ese centro, normalmente alumnos católicos (respetando a los de otras religiones si los hay).

El ambiente general del centro es el que proporciona  la formación religiosa y en valores que debe ser completada por la Iglesia (en el caso de los católicos) y por la familia.

Los centros públicos deben incluir la cultura religiosa y todo lo relacionado con el hecho religioso que es cultural e históricamente de primera magnitud; así como ofrecer a sus alumnos además orientación e información sobre la oferta religiosa existente en su barrio o ciudad.

En cuanto a la cuestión de si resulta mas conveniente para la formación integral del alumnado que la cultura religiosa sea o no evaluada como una asignatura con el mismo valor académico que las otras asignaturas, es una cuestión muy debatida, con dos enfoques: el evaluacionista  que opina que lo que no se evalúa no se valora y el antievaluacionista, como humildemente opina quien esto escribe, entiende que a este tipo de saber le va más un ámbito de total libertad académica sin ningún tipo de presión.

F.J. de C.

Madrid, 6 de noviembre de 2.016

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