Corrida goyesca: Ronda, fuego y aire

Cayetano Rivera Ordoñez,Andrés Roca Rey  y Morante de la Puebla hacen el paseillo en la plaza de Ronda, que colgó el cartel de No hay billetes en la tradicional Goyesca.

Introducción:

En el presente artículo se reproduce el que Andrés Amorós publicó en ABC el 2 de septiembre de 2.018 que se refiere a la corrida goyesca celebrada en la ciudad de Ronda (Málaga).

Andrés Amorós (Valencia, 1941), Doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española por la Universidad Complutense de Madrid, es, además un polifacético intelectual, ensayista, crítico e historiador. Ha publicado más de ciento cincuenta libros y ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de Crítica Literaria, el Premio Fastenrath, el Premio de la Real Academia Española y el Premio de las Letras Valencianas.

Muy  estrechamente vinculado a la tauromaquia, una de sus grandes pasiones es considerado hoy el máximo especialista en los aspectos culturales de la “Fiesta” y ha publicado una docena de libros ya clásicos sobre esta materia, como Luis Miguel Dominguín: el número uno (2008) o Mitos de Cano: Cano’s legends (2009) así como multitud de artículos de crítica taurina que ejerce en el diario ABC de Madrid;es precisamente esta faceta de gran aficionado y cronista taurino por la que  ha obtenido el premio a la mejor reseña de las Corridas Generales de Bilbao, que otorga el Club Cocherito. La crítica premiada, titulada «Romances del Parralejo», se publicó en ABC el pasado 24 de agosto y tiene la peculiaridad de estar redactada totalmente en verso.

Ronda, fuego y aire.La Fiesta cultura viva.

Andrés Amorós.

 

«He buscado por todas partes la ciudad soñada y, al fin, la he encontrado: en Ronda se resumen todas las cosas que yo he deseado. Con esa rotundidad lo afirmó un poeta de extraordinaria sensibilidad, Rainer Maria Rilke.

Ronda es una de tantas joyas que tiene España. No conozco un panorama comparable al del Puente Nuevo, desde la Casa de Don Bosco. En lo más hondo de ese impresionante tajo. Edgar Neville colocó un tablado para que bailara Antonio, en «Duende y misterio del flamenco».

De la época de Goya (1785) es la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería, una de la más hermosas del mundo (escribió Villalón: «Plaza de Toros de Ronda,/ la de los toreros machos»). Desde 1954, su tradicional Corrida

Goyesca atrae a visitantes del mundo entero.

En los orígenes de la Tauromaquia, la escuela rondeña se caracteriza, según Corrochano, por el aplomo, la sobriedad y la eficacia, sin mezcla de adorno inútil para la lidiar. Hemingway quería escribir como se torea en Ronda: «Sobrio, simple, clásico y trágico».

Rondeño era Pedro Romero, amigo de Goya, símbolo de clasicismo, un coloso: estoqueó más de cinco mil toros sin que ninguno lo hiriera. Rondeños, los Ordóñez, con las cumbres de El Niño de la Palma y Antonio (en su finca quiso Orson Welles que descansaran sus cenizas). Rondeños, los Rivera, con Paquirri, Francisco y Cayetano.

Juan Ramón Jiménez define Ronda con adjetivos que resuenan como una campana: «Alta y honda, rotunda/ profunda, redonda y alta».

Acudir a Ronda es vivir una experiencia estética única y beber, como en Sevilla, en las fuentes auténticas del clasicismo taurino. Definió Bergamín: «De Sevilla era el aire;/ de Ronda, el fuego,/ y los dos se juntaron/ en el toreo.

 

F.J. de C.

Madrid, 6 de septiembre de 2.018

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