La “finezza” de la diplomacia vaticana y el Derecho Canónico, frente a la zafiedad de algunos políticos.

Un poco de historia.El caso Añoveros.

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Corrían los últimos días del mes de febrero de 1974, hacía pocas semanas, exactamente el 20 de diciembre de 1973, el Almirante Carrero Blanco anterior Presidente del Gobierno, había sido vilmente asesinado por Eta en cruel atentado, volando, literalmente, por los aires.

Fue designado sucesor y nuevo Presidente Carlos Arias Navarro el que  fuera su Ministro de la Gobernación y por tanto responsable de la seguridad de su Presidente  Carrero.

Los ánimos estaban caldeados y es en este contexto cuando el obispo de Bilbao, Monseñor Antonio Añoveros (Pamplona, 13 de junio de 1909 – Bilbao, 24 de octubre de 1987), publica una pastoral que debía leerse en todas las iglesias de su diócesis el domingo 24 de febrero de 1974. La homilía titulada  «El cristianismo, mensaje de salvación para los pueblos», reivindicaba el hecho diferencial de Vascongadas y el uso de la lengua vasca.

El texto llegó enseguida a manos del Gobierno  de Arias que reaccionó con dureza , exigiendo que no se difundiera, por considerar que constituía un atentado a la unidad de España. El Obispo insistió en que se leyera, y el Gobierno dispuso el confinamiento en su domicilio y situó en el aeropuerto de Bilbao un avión para expulsarle de España.

Añoveros se negó a salir, pues según el Derecho Canónico, el Obispo no puede abandonar su diócesis sin permiso del Papa  habiendo excomunión para quienes impiden ‘la libertad de acción de un obispo’ .

Al parecer, el Presidente de la Conferencia Episcopal y cardenal de Madrid, Mons. Tarancón, tuvo en su poder la carta de excomunión contra todos los miembros del Consejo de Ministros, incluido su presidente, Arias Navarro y, por supuesto, del jefe del Estado, general Francisco Franco. La carta debería ser entregada en propia mano a Franco.

Intervino, sin resultado alguno,  ante el Gobierno el Nuncio de su Santidad Mons. Dadaglio y por fin, el 3 de marzo, el Cardenal Marcelo González Martín  (Villanubla, Valladolid; 16 de enero de 1918-Fuentes de Nava, Palencia; 25 de agosto de 2004),Primado de España, se entrevistó personalmente con Franco y en su conversación, pudo transmitirle algunos mensajes que lograron convencerle para que diera marcha atrás en la decisión de su gobierno de expulsar a Añoveros; al parecer, Franco no había sido informado por Arias de toda la gravedad y consecuencias canónicas  del caso, por lo que ordenó directamente a Arias que revocara de inmediato la orden de expulsión de Añoveros lo que supuso para Arias la pérdida de su pretendido “pulso” con la Iglesia.

Enterrar a los muertos, la 14ª Obra de Misericordia.

En la tradición cristiana, enterrar a los muertos es una obra de misericordia, no así desenterrarlos; conviene dejar a los muertos en paz, porque los muertos tienen derecho a descansar en paz.Desenterrar el cuerpo de un ser humano solo se justifica si es para concederle más honor o para muy específicas razones; desenterrarlos por razones políticas supone en quien lo promueve o lo ejecuta un rasgo claro de bajeza moral. Remover a los muertos, profanar las tumbas, es lo más condenable y ruin que el ser humano puede cometer. Si además se hace desde el poder de la Administración, seguramente estaremos hablando de un insoportable abuso que una sociedad culta y madura debe castigar.

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Viene a cuento esta introducción, como el inteligente lector ya se habrá percibido, por los manejos que el actual gobierno de ESPAÑA está realizando actualmente respecto a su empeño de desenterrar al anterior Jefe del Estado, Generalísimo Francisco Franco, sepultado desde su muerte el 20 de noviembre de 1975 en la Basílica del Valle de los Caídos.

La apertura de la tumba de Franco no podrá ser tan inminente  como el Gobierno esperaba y todavía tiene varios obstáculos por delante:De acuerdo con el Derecho Canónico, el gobierno deberá pedir autorización a la Iglesia (la tumba está en la Basílica del Valle de los Caídos y no puede abrirse sin permiso expreso de la Iglesia) y debe acordar con la familia del difunto General un nuevo lugar de sepultura; la familia que inicialmente se oponía a la exhumación, ofrece como alternativa la nueva inhumación en la cripta de la Catedral de la Almudena en Madrid, donde la familia posee una sepultura propia en la que ya está enterrada la hija del General.

El gobierno se opone rotundamente a este nuevo emplazamiento que situaría en el centro de Madrid la nueva tumba del difunto.Así el mismo gobierno crea un problema mayor donde realmente no había problema alguno pues el Valle de los Caídos está a 50 km. del centro de Madrid.

Para intentar solucionar un problema que ellos mismos han creado, “sostenella y no enmendalla”, el actual gobierno empieza a enredar intentando meter por medio  a la Iglesia y de alguna manera hacerla culpable de toda las consecuencias del conflicto; siendo así que la Iglesia debe y quiere quedar fuera de lo que considera un debate político en torno a los restos de Franco y se limita a aplicar las prescripciones del Derecho Canónico.

La vicepresidenta Calvo en el Vaticano con el Cardenal Secretario de Estado.

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La visita de la vicepresidenta del Gobierno, al Vaticano para suplicar apoyo a sacar a Franco del Valle de los Caídos solo merece, para el diario ABC, un adjetivo: ridícula.

Francisco Vázquez , el que fuera Embajador de España ante el Vaticano de un gobierno socialista ha realizado unas oportunas  declaraciones a la cadena COPE, en las que entre otras cosas manifiesta:

  • considera “incomprensible” que hubiera acudido al Vaticano sin la presencia del embajador español.

  • Respecto a la exhumación de los restos del General, esta cuestión “es ajena a la Iglesia” y ha calificado como “operación muy burda” que el Ejecutivo acuda al Vaticano a pedir mediación para evitar que Franco sea enterrado en La Almudena cuando es una cuestión que tiene que negociar el Gobierno  con la familia; la Iglesia aquí no tiene nada que decir”.

  • La indumentaria de la vicepresidenta en la reunión con el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, fue ” de lo más inapropiada”. “Hay unas normas mínimas de corrección que se deberían seguir.

La vicepresidenta del Gobierno, a su regreso del Vaticano, insistió dos veces en que habían alcanzado un acuerdo para que Franco no fuera enterrado en la catedral de La Almudena; el Vaticano, sin embargo, corrigió de inmediato a la vicepresidenta mediante el siguiente comunicado oficial del portavoz de la Santa Sede, Greg Burke,;

“A propósito de la reunión que mantuvieron ayer el Secretario de Estado de la Santa Sede y la Vicepresidenta del Gobierno de España quiero precisar lo siguiente: el cardenal Pietro Parolin no se opone a la exhumación de Francisco Franco, si así lo han decidido las autoridades competentes, pero en ningún momento se pronunció sobre el lugar de la inhumación.

Es cierto que la señora Carmen Calvo expresó su preocupación por la posible sepultura en la catedral de la Almudena y su deseo de explorar otras alternativas, también a través del diálogo con la familia. Al Cardenal Secretario de Estado le pareció oportuna esta solución”.

 

Comentario final.

El Vaticano es, a nivel internacional, uno de los mediadores más influyentes en todo tipo de conflictos; esta característica tan relevante y de la que carece cualquier otro estado, se debe a una experiencia atesorada durante sus veintiún siglos de historia.

Olvidó la vicepresidenta, y es fallo imperdonable en una pretendida experta (?) en Derecho Constitucional, tanto la  secular eficiencia diplomática vaticana como la imposibilidad de ir con tretas a torcer voluntades y principios tan largamente defendidos en una religión que equipara en igualdad ante Dios a todos los hombres, antes y después de muertos.

El gobierno democrático de la ESPAÑA de hoy, que vice preside la señora Calvo, al igual que hizo el gobierno de la dictadura presidido por Carlos Arias en 1974 (el “desastre Arias” como lo calificó Juan Carlos I) han olvidado algo tan elemental como conocer esos usos de una diplomacia que tiene a gala su “finezza”, nada que ver con la zafiedad, incompetencia, prepotencia e incluso indigencia intelectual que conforman la personalidad de alguno de nuestros políticos del presente.

F.J. de C.

Madrid, 3 de noviembre de 2.018

 

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